Familia Nunca Olvidada

Querida familia:

¿Qué puedo decirles que ya no sepan?

Nunca me planteé dejarlos, irme definitivamente. No.  Eso nunca se me ocurrió.

De hecho muchas veces pensé en viajar, conocer mundo, pero siempre con la idea de regresar a Caracas.

Pero las cosas han cambiado tanto.

Ya algunos de ustedes no están. Otros se han mudado de país. Ya prácticamente no queda ninguno de ustedes allá.

Sería como regresar a una cáscara vacía, porque ni siquiera el país es la sombra de lo que fue.

Recuerdo que cuando estaba creciendo Venezuela era una nación pujante, con muchos recursos, pero sí percibía que toda esa afluencia tenía pies de barro. No había una base sólida que sostuviera o diera consistencia a esa prosperidad o garantizara su continuidad.

Era como un espejismo de riqueza, lo suficiente para que la gente se dejara engañar por la facilidad de las cosas y que muchos decidieran optar por la vía fácil.  Esa vía fácil nos llevó a la corrupción, a la descomposición social, a la pobreza, y a los políticos aprovechadores de cualquier pinta que prometen villas y castillos pero cuyas promesas se vuelven agua entre los dedos cuando llegan al poder.

Es como si el país que conocí, donde crecí, donde tenía tantos parientes por un lado de la familia y tan pocos por el otro se hubiera desvanecido en la bruma del pasado.

Parece mentira, pero ahora la familia que tengo más próxima es la familia de mi esposa, que me ha acogido con tanto cariño y me ha aceptado plenamente.

Cuando vine a España lo que yo pensaba era que podría ir y venir y pasar tiempo aquí y regresar, pero la situación en Venezuela cambió tanto y la calidad de vida se había deteriorado de tal manera que cuando se presentó la oportunidad de venirnos a vivir no me quedó más remedio que considerar esa posibilidad, a pesar de los muchos lazos que todavía tenía, y tengo, con el país. Lazos afectivos, recuerdos, ustedes, que son la poca familia directa que me queda. Toda una vida que quedó atrás.

Les confieso que la situación de uno aquí es un poco precaria. Cuando uno emigra es como si hubiera salido de la nada y apareciera en un sitio donde uno no es nadie.

No importa lo que fuiste allá, si tuviste propiedades, si eras profesional y tenías un buen empleo, si tenías una o varias cuentas bancarias y varias tarjetas de crédito. No, aquí tienes que empezar desde cero, como si fueras un don nadie sin nada que te respalde.

Y me siento un poco culpable de haberme venido así dejándolos a ustedes sin saber que no podría volver sino hasta mucho después. Porque para colmo arreglar los papeles no es tan fácil como uno puede imaginar. Y con tantos cabos sueltos allá sin haber podido resolverlos.

Pero la verdad es que allá no tenía calidad de vida, y por eso tomé la decisión de venirme.

Lamento no haber podido ir pronto, y que en mi ausencia dos de mis seres más queridos hayan fallecido sin haberlos podido ver y despedirme de ellos una última vez.

Así es la vida, familia. Uno ni se imagina lo que le depara el futuro.

A veces quisiera que estuvieran aquí y pudiera ver la gran diferencia que significa vivir en un país desarrollado, donde existen las instituciones y las cosas están organizadas, donde hay seguridad para salir a la calle y los servicios funcionan. En una palabra, donde hay calidad de vida.

Porque allá uno se acostumbra a las carencias, a tener que soportar cosas que no tendríamos que soportar. Claro que aquí hay exigencias, las exigencias normales de cualquier país: hay que pagar impuestos, hay que obedecer las leyes, hay que ser ciudadano. No como allá donde la mayoría de las veces las cosas son un desastre y mucha gente piensa que tiene todos los derechos y ninguna obligación.  Donde muchos creen que la vida es fácil cuando en realidad en todo el mundo la gente tiene que ganarse la vida, trabajar, ahorrar, y pensar en el futuro, y no depender de las dádivas interesadas del político de turno.

En fin, quiero que sepan que los extraño a ustedes y que a pesar de todo extraño mi terruño, pero no creo que pueda regresar a vivir allá.

Un abrazo fraterno,

Eduardo

Calle de las Mil y Una Noches, 1001

Barcelona, España

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