Querida mamá,
Esta vez no pude resistir, sé que siempre me inculcaste lo de no mantener la esperanza, y desde que llegué a la Madre Patria, le di un cariz de amiga. Cuando estaba a punto de desfallecer, ella en forma metafórica aparecía.
Lamentablemente, por ahora los planes no han salido como los planeé, he dejado pasar desplantes y groserías a las que en nuestro gueto no padecí, las he dejado pasar entendiendo que esta es otra realidad y que aquí pasaron una guerra y son un poco más duros que nosotros, con ese carácter castizo, como abuelo. Ya son ocho años el número del infinito, que para nada quiero que esto sea así, infinito.
Me he descubierto sensible, extraño las sonrisas sin más, sin razón, los buenos días, la palabra dada, y cumplida, confirmo cada día que he sido una privilegiada.
Pues si mamá, sensible y llorona, a mí que mis amigos algunas veces en juego me llamaban Herodes por lo pragmática que era, ahora soy una sentimental. A la esperanza ahora la he comenzado a aborrecer, cada vez que florece en mí, siento a estas alturas que me frena que me lleva en un espiral, como ratón de laboratorio dando vueltas en una rueda sin final, que está haciendo quedarme en un lugar en el cual ya no quiero estar, un lugar que siento que se me ha convertido en un saco roto por ahora. Tal vez ese ente que le llamo esperanza, (por asociarla con tía Esperanza, que era la mujer más alegre y no se dejó entristecer nunca), me está haciendo perder la ilusión confiando en ella.
Siento un tremendo dilema pues, si hay cosas buenas y muy buenas aquí ¡Sin dudarlo! pero la rudeza, la incertidumbre, la inestabilidad, hace temblar los cimientos que siempre fueron sólidos para mí en nuestro gueto. Por ello, dudo aún, en que vengan a reunirse conmigo. Una cosa es venir como siempre vinimos de vacaciones que adoramos esta ciudad, para luego volver a nuestro gueto, pero instalarse es otra cosa.
El otro día Enrique estuvo por aquí, ¿Le recuerdas? Hubo una frase que mencionó y me mató “el norte es para hacer dinero, España para envejecer” y aún no tengo edad para ello, es decir, estoy sintiendo el lugar equivocado por ahora. Me reuní también con Luz, seguro que sí la recuerdas, tuvimos una larga conversación, ella ya tiene 20 años aquí.
En realidad, en Galicia su discurso fue tan resignado que sentí desesperación en el pecho, yo no me quiero resignar. Me contó que tiene un trabajo promedio, la familia del esposo, no la quiere y que el esposo tiene muy mal carácter agregó a la guinda “ya sabes como buen español” Ya han sido muchos años ya recuperé la nacionalidad del abuelo, y como me dice otra amiga, recuerda que comenzaste a escribir y descubriste cosas de ti, pero te digo algo… Preferiría haberme quedado como estaba, yo me gustaba mucho la verdad, no me gusta esta nueva yo.
Así que ayer sentada en el mismo café de una esquina de Madrid, mi favorito, tomando un agua aromática o como le llamábamos también “un agua romántica”. Esta vez no eran cuentos ni novelas a medio hacer sobre la mesa, esta vez era números, cuentas, pasajes aéreos y conexiones en busca de retomar las riendas de mi vida, a volver a ser yo. Al mirar a la puerta, vi de nuevo a Esperanza, cruzamos miradas, mamá sin pensarlo llevé mi mano al bolsillo de mi pantalón.
Mi metafórica amiga Esperanza, sin más se sentó en mi mesa de frente y mirándome a los ojos como siempre sonreída. Pero esta vez no me dejé persuadir, han sido muchas oportunidades, muchos los timos. Esta vez no dejé pasar mucho tiempo con los ojos fijos, saqué de una forma violenta mi mano del bolsillo y le asesté a Esperanza una bala en medio de la frente, aquella cayó, y yo recogí todos los papeles tomé un taxi con dirección al aeropuerto, mamá en pocos días llegaré a casa.
Quien te quiere Sonia.