Carta de despedida

Madrid, 26 de octubre de 2023 

QUERIDA BISABUELA: 

Escribo esta carta para despedirme de ti Paula, pero en primer lugar me presento; soy Nélida Salazar Arauco tengo 23 años y soy hija única de tu nieto Rafael Salazar Daza. Nací en Lima (Perú) y llegué a España en 2007, al llegar, me hicieron renunciar a mi nacionalidad peruana para poder vivir en Madrid con mi madre.      

Nunca tuve relación con la familia Salazar y ninguna foto que recuerde; cuando nací mi abuelo Walter había fallecido años atrás, y el recuerdo de mi abuela Edith es como una neblina en el mar, distante en mi memoria, aunque en las fechas importantes la visitaba. Tuve un sueño con una señora de pelo negro, largo y trenzado, me transmitía emociones diversas, sentí tristeza y cierta paz, me resultó familiar porque se parecía a mí de mayor; creía que se me estaba mostrando un futuro, pero en realidad era el pasado, incluso pensé que podría ser algún familiar.  

Pregunté a mi abuela materna si le sonaban las facciones y tristemente no hubo resultado; por lo tanto, sentí curiosidad de conocer a mi familia Daza Bendezu por parte de mi abuela y Salazar Atoche de parte de mi abuelo a ver si encontraba a la persona de mis sueños. 

Entonces pregunté a mi papá por ti, él sí reconoció los rasgos que describí y llegaste a ser tú, estuvo investigando y me contó que eras sevillana, yo no daba crédito de lo que estaba escuchando y en esta búsqueda de información, mis tíos y familia agradecieron recordar los momentos felices que viviste con ellos.      

Esta historia familiar se inicia contigo, tuviste que dejar Sevilla por un amor imposible. 

Tu familia estaba en desacuerdo y te fugaste con tu amor a tierras desconocidas, extendiendo tu sangre a otro continente llegando a Perú, desde estas líneas, agradezco tu determinación y valentía de hacer tu propio camino en el mundo y este rasgo se mantiene aún conmigo.     

Hay un dicho que dice “El que no conoce la historia está condenado a repetirla”, yo no conocía la tuya, por eso te escribo esta carta para contarte la mía. 

Mis padres, mi hermana mayor (de otro padre) y yo vivíamos en Perú, ellos se separaron cuando yo tenía 5 años, a esa edad no era muy consciente de algunas cosas. Un año después mi madre partió sola a España a buscar trabajo, yo me quedé en casa de mi abuela materna con mi hermana durante 1 año más en Perú.  

Viajé a Madrid, dejando atrás a mi papá y a mi querida abuela, así como mis familiares más cercanos; tíos, primos, amigos, profesores, mi colegio, mi casa, mi perro Junior (un schnauzer precioso), mis comidas favoritas, mis raíces… Y aunque no lo creas por mi corta edad en ese momento dejé amores, amores de infancia que nunca volveré a ver.  

Cuando llegué era un mundo nuevo para mí, ahora de mayor soy más consciente de que muchos niños no me querían por ser como era (mi pelo, mi color de piel, mis rasgos físicos y mi acento), con el paso de los años me fui adaptando a este nuevo lugar, sus costumbres y su acento también, eliminando inconscientemente mis raíces por completo.  

En ocasiones, mi acento abandonaba el madrileño para irse al andaluz sobre todo cuando hablo muy rápido o estoy muy feliz, nunca he sabido el por qué hasta ahora y soy feliz al saber que el ser sevillana lo llevaba en la sangre.                

Con 17 años visité tu querida Sevilla y extrañamente me sentí como en casa, te doy las gracias por el sentimiento de pertenecer a un país en el que siempre sentí que no pertenecía, ahí pensé que el ser de un sitio u otro va más allá de la tierra que te ha visto nacer, crecer o morir; va más allá de lo que nuestra mente es capaz de ver, sentir o creer, que nuestros antepasados, nos acompañan en nuestras vidas. 

Tu historia se repitió conmigo, tuve una disputa familiar por un amor imposible que mi madre no aceptaba, no me fugué del país, aunque sí de mi casa. En la actualidad ellos volvieron a Perú y no tengo ninguna relación con ella ni con mi hermana, perdí el afecto de mi perro y de mi gato. 

Mi amor imposible se volvió posible, creando mi propia familia y eso hice, al igual que hiciste tú, empezar de cero. 

En este punto nuestras historias se unen, hemos amado y hemos sufrido, dejamos familia, tomamos decisiones acertadas o erróneas, viajamos por un futuro mejor. 

Con firmeza manifiesto que la historia es diferente hoy; he sanado tus heridas y las mías, te perdono y pido tu perdón, guardaré en mi memoria con admiración tu coraje y valentía, y me lanzo a la vida aquí es España con la firme determinación de ser feliz y hacer feliz a todo aquel que me rodea, porque conocerte me ayudo a saber quién soy en realidad y decidir cuál es mi destino.  

PD: Tu sangre sigue recorriendo en mis venas y tu legado nunca será olvidado. 

Te quiero Paula, mando un beso al cielo y cuídame. Gracias 

Me despido. Tu bisnieta N.

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