Santa Cruz de Tenerife, 28 de octubre de 2023
Caracas, mi cuna, la cuna de mis hijos, la ciudad que me conoce. La ciudad en la que nací, crecí, y no sé si moriré.
Caracas, mi tierra, mi espacio, mi vida, mi lugar. El sitio donde pertenezco. ¡Cuánto te extraño ¡Y sé que me extrañas igual!
Caracas, la ciudad donde aprendí tantas cosas, la ciudad que me enseñó a vivir, la ciudad de esos techos rojos, la ciudad de ese majestuoso Ávila, la ciudad convulsionada, una de las ciudades más peligrosas del mundo, pero en la que me sentía segura.
Caracas, la ciudad la que no deja de estar en mi memoria.
Aunque nos separa una inmensidad de océano, aunque estemos a km de distancia, te agradezco infinitamente todo lo vivido en ti. Mi corazón está anclado en tus calles, tus colinas y tus recuerdos.
Cada rincón de tu ciudad lleva un pedacito de mi corazón y cada recuerdo me da fortaleza para seguir luchando desde la distancia.
Mientras viví en ti, fui inmensamente feliz. Te conozco como a mí misma, se tus secretos, tus lugares maravillosos y las bondades que ofreces, las cuales pude mostrárselas a mis hermanas de vida, que no sabían cuan maravillosa eres.
De pequeña me enorgullecía que me dijeran, “ah , eres de Caracas , de la capital” y si, de la capital de ese hermoso país llamado Venezuela , el cual mi familia quiso como suyo.
Llamarte capital, es tan importante, como la responsabilidad que tienes para con el resto del país.
Siempre estuviste a la altura de las ciudades más importantes del mundo. Siempre has ofrecido lo mejor de lo mejor, y hoy, que he recorrido otros mundos, te puedo decir, que estabas a la altura o mejor.
Extraño tus cachitos, y tus milhojas, los profiteroles, las bombas. Tus perros calientes, los mejores, y las cachapas, ni se diga. Ese sabor no lo he conseguido en estos 6 largos años.
No puedo evitar comparar todo con lo que me ofreciste y por qué no hacerlo, si eso me hace no olvidarte. Tienes que saber que cada día de mi vida hago el ejercicio de recordarte, no puedo permitirme olvidarte porque mi esencia es tuya, y si te olvido es como si muriera una parte de mí.
¿Sabes?, a todo el que conozco le digo con orgullo de dónde vengo, de donde soy, lo bonita que eres, y lo especial que es vivir en ti.
No me creen, le asusta la idea de ir a visitarte, pero les hago saber y trato de convencerlos c, que eres lo mejor de lo mejor. Y que cuando gusten seré la mejor guía para recorrer tus rincones.
Aunque sé que estás un poco enferma, tu enfermedad tiene cura si no te olvidamos, debes saber que has hecho feliz a mucha gente que hoy se encuentra lejos de ti y que eso te ayudará a mejorarte.
A mis hijos les hablo diariamente de tu vida, les cuento lo fabuloso que fue pasar mi niñez, mi adolescencia, mi adultez en ti, y ellos lo saben, y lo recuerdan cada día, porque al igual que yo, nacieron en ti.
Les he prometido que iremos juntos a visitarte, no sé si pronto o no tan cerca, pero es una tarea pendiente que tengo el deber de cumplir.
Tú me preparaste, sin saberlo, para saber vivir lejos de ti, me diste esta dichosa habilidad que tengo de reinventarme y de ser una persona resolutiva y poder enfrentar las dificultades que es salir de tu lugar de costumbre.
Creo que, si hubiese nacido en otro lugar, no hubiese desarrollado la fortaleza de adaptarme a una nueva vida. Y que agradecida estoy por eso, pues esas enseñanzas me han hecho desarrollarme y adaptarme a la ciudad donde vivo.
Te cuento, que mi acento permanece intacto, creo que conscientemente no quiero perderlo, aunque aquí dicen que debo “homologarme”, yo no quiero hacerlo. ¿Por qué uno tiene que perder su identidad? No, no hay que perderla, pues el adaptarse no quiere decir que olvides de dónde vienes.
Cuando te extraño mucho, me paseo por lugares que pueden parecerse un poco a ti, y rapidito se quita esa nostalgia, o hablo con mis amigas, que al igual que yo, están fuera de ti para mantener vivo los recuerdos y los momentos de felicidad que vivimos en ti.
Eres una mezcla única de historia, cultura y vitalidad. Has vivido tiempos de esplendor y desafíos, pero sigues con tu espíritu inquebrantable.
Eres fuerte, apasionada y siempre encuentras la manera de brillar en medio de la adversidad.
Tu gente, con su resiliencia, es la esencia misma de lo que te hace especial.
Eres el corazón palpitante de Venezuela, donde la pasión y la diversidad se entrelazan en cada calle y rincón.
Cada una de tus esquinas cuenta una historia, desde la majestuosidad del maravilloso Ávila hasta tu encantadora arquitectura colonial en muchos lugares del casco histórico.
Tu diversidad y tu vitalidad son un tesoro que enriquece a todos los que tienen el privilegio de conocerte. Eres una ciudad que respira historia, cultura y vida. Una ciudad que acoge a todos con los brazos abiertos.
A pesar de los momentos difíciles, sé que sigues luchando por un futuro mejor, y te prometo, con el corazón en la mano, que siempre llevaré un pedacito de ti en mí, donde quiera que yo vaya.
Con amor y admiración, mi ciudad preferida en la vida.