A mi Ocumare

Madrid, octubre de 2023

Mi inolvidable Ocumare,

Cuando recibas la presente sé que, aunque la curiosidad te embargue, poco o nada preguntarás sobre mi vida en estos 57 años de ausencia. La alegría de leer estas letras de una de tus hijas pródigo será suficiente para ti. Así eres tú, incondicional, humilde, perenne…

Mientras me dispongo a plasmar mis sentimientos en esta página en blanco, tiemblo y lloro de emoción. Me turba profundamente retomar el hilo interrumpido abruptamente aquél trágico 26 de agosto de 1966, cuando de nuevo el dolor afincó sus garras en mi corazón.

Ocumare, te aseguro que no fue el desamor, ni el olvido o la ingratitud la causa de este largo silencio. Siempre has estado allí, en mi mente y corazón, donde guardo los recuerdos más preciados de mi infancia y primera juventud.  Son imborrables nueve años vividos en mi primera tierra de acogida, cuando migré de mi Caracas natal. Ellos aglutinan emociones y enseñanzas que han guiado mi camino.

Fueron años de amor, de mimos y ternura que desbordaba mi segunda madre. Años de inocencia, de alegrías, de fiestas y, también, de compromisos tácitos con mi padre de convertirme en una mujer preparada para afrontar los embates de la vida.

Tiempos idos de formación en valores, allí en el querido Colegio Santo Ángel de la Guarda y en el inolvidable Liceo Juan Antonio Pérez-Bonalde, nombrado así en honor al mayor exponente de la poesía romántica venezolana, y autor de Vuelta a la Patria, el poema lírico más importante del país en el siglo XIX. Éste es uno de los poemas que ha dejado huella en mí. Hoy su letra se crece y adquiere una dimensión vital; imagino que similar a la que tiene para la gigantesca diáspora venezolana que, dispersa por el mundo, vive la pena de la lejanía de la tierra patria.

Ocumare, aquellos fugaces años en tus tierras vieron mi cuerpo de niña convertirse poco a poco en mujer. Tú viste el despertar de la natural coquetería adolescente; la ansiedad por disfrutar el primer baile con aquel chico que me enamoraba. Recuerdos imborrables: Del recorrido por la Plaza Bolívar con las amigas, bajo el ojo vigilante de nuestras madres; afortunadamente varias de esas querencias han sobrevivido al tiempo y la distancia. De la unión familiar los fines de semana, con las mujeres preparando el sancocho o bailando con la Billo´s y los hombres jugando bolas criollas. Los días divertidos en las fiestas patronales, cada 13 de noviembre, en honor a San Diego de Alcalá, con sus misas, cabalgatas, rodeo y coleadas de toros, donde el disfrute dominaba al calor inclemente. Y de la rica natilla que me esperaba al llegar de clases y esos bailes y risas bajo la lluvia en el patio de la casa.

Es cierto que he vivido muchos días de felicidad, pero ninguno como esos despreocupados e inocentes que pasé en tus lares. Como el poeta Ángel María Landaeta expresó en su vals Adiós, a Ocumare, afirmo con nostalgia: “El Tuy es muy dichoso en su correr, pues no te abandona aunque se va, cuando felizmente en su vagar, cruza las vegas hacia el mar”.

Mi querido Ocumare, cuánto he recorrido desde ese agosto del 66, desde entonces he migrado a otras tierras venezolanas: Barquisimeto, Mérida, Maracay y Caracas. En ellas encontré alegrías y tristezas.  En cada paso gané querencias, conquisté amor y engendré mi trascendencia; pero también cayeron pedazos de mi corazón al ver volar a seres amados a nuevos planos. ¡Es la vida, y nadie se escapa de esas dualidades del destino!

Hace 13 años llegué a la Madre Patria, ésa que tan lejana veía en aquellos años 60. En Madrid vamos construyendo un nuevo nido. Este es un hogar diferente, donde sólo estamos dos, Roberto, mi compañero de ruta, y yo, saboreando juntos la gloria por haber vivido una buena historia y el orgullo de florecer en tres hijos. Hijos que ahora construyen sus hogares, lejos de mi Venezuela, sembrando nuevas tierras con el legado de nuestras raíces.   Nosotros estamos “desbaratando encajes” para regresar al hilo, en este viaje al “regreso del sueño”, como dibujó La Renuncia nuestro poeta Andrés Eloy Blanco.

Completo esta tarea de reconectarme contigo, mi inolvidable Ocumare. Una tarea suspendida en el tiempo, como un quejido que se lanza al viento y que el eco devuelve.

El eco que me devolvió a ti fue el ingenio de unos jóvenes que me retaron a participar en un concurso epistolar. Una bella iniciativa que busca rescatar la epístola como medio para conectar con afectos y amores, para expresar nostalgias y plasmar deseos. Un intercambio opacado por la modernidad tecnológica del Internet que permite la inmediatez en las comunicaciones, pero que le resta emoción a la expresión del alma y que merma la adrenalina que despertaba el  cartero con nuevas desde la lejanía de nuestra gente amada.

¡Qué atinada iniciativa! Escribirte me hizo bien, removió mis emociones y me trajo de nuevo a ti, desde esa memoria adormilada.

Ocumare, hoy ni tú ni yo somos los mismos. Los estragos naturales del pasar del tiempo, los cambios generacionales, los avatares populistas de la política y las mezquindades de los que usurpan el poder en Venezuela nos han cambiado y han puesto entre los dos un océano. Sin embargo, no he renunciado a ti. Mi amor y agradecimiento siguen vigentes.

Hasta la  vuelta, siempre…

A mi Ocumare comentarios en «4»

  1. Norka: te felicito y que QDTB a ti y a ese gran hombre con quien compartes tu vida, mi gran Amigo Roberto. Compartimos sentimientos sobre mi segunda “Patria Chica”, que además celebramos juntos su Patrono y yo mi cumpleaños. Buenos recuerdos de ese Ocumare que no volverá.

  2. Que bellos recuerdos Norka, mi compañera en el Liceo Pérez Bonalde, donde comenzó nuestra admiración por el poeta de Vuelta a la Patria, hoy convertido en sueño de muchos venezolanos esparcidos por el mundo. Me alegra que lleves a mi pueblo prendido en tu cariño y que la neblina del tiempo no haya borrado las vivencias de aquellos años. Yo vivo en Caracas y siempre lo visito. Aspiro nunca tener que decirle adiós a Ocumare. Un abrazo Norka y saludos a Roberto.

    1. Los recuerdos de un pasado hermoso son imposibles de olvidar. Ocumare me brindó el nido donde me acunó un lindo hogar. Seres inolvidables, amigos que se llevan en el corazón. Tú, Luis Manuel, uno de ellos.

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