Pintura: Lilian Rosales
Querida mía:
Aquí sigo con el alma a la intemperie, como dijo Galeano. A la destemplanza de este tiempo que no elegí. Convertido en un continente frágil y empobrecido por el dolor divisor, partido entre dos geografías, entre dos lealtades, dos culturas y dos lenguajes. Viéndome, a ratos, compelido por estas circunstancias a conductas que experimento como traiciones al país, al que me parió y al que más tarde me acogió, a mí mismo y a mi gente.
Esta sensación de deslealtad que arrastro de manera más o menos inconsciente, te confieso, ha fastidiado de algún modo mi primordial conquista, la interior. ¡Ah, maldita culpa! A consecuencia de ella, me he atomizado, me he dispersado, acaso para ocultarme de la tormenta que parece no cesar y de las miradas que todavía parecen juzgarme desde cada lado del océano por haber asumido el riesgo de perseguir la calma.
Por si fuera poco, voy aprendiendo a llevar a cuestas el duelo poliédrico que me ha sido asignado sin que ello me despersonalice. Sé que te será posible comprender el enorme peso de la pena que me ha afligido durante todo este tiempo y que ha entrañado la cesación de mi interés por el mundo exterior. Esa pena que a ratos me tornó en un padre indolente, un amigo ausente, un adulto empequeñecido y distanciado de todo cuanto lucía ajeno a la memoria de mis seres perdidos y de mis objetos extraviados, sobre todo de mis libros. Y es que desvanecidos los espacios y sus gentes, pendiendo estos solo en la memoria cada vez más endeble, se ha ido esfumando la línea continua sobre la cual todo ser humano debería poder trazar su vida, se ha ido perdiendo el lugar a donde regresar. La incertidumbre, por consiguiente, me ha ido abrazando como mortaja, maldición a la que parecemos condenados quienes nos hemos marchado obligados.
Sin embargo, debo decir que habiéndolo probado todo para recuperarme de este secuestro, mi vida dio un inesperado giro tras la confesión de un sujeto víctima de un largo cautiverio quien me aseguró haberlo soportado solo “imaginando su futuro” y diseñando un imperio. Y yo, en mi desesperación, sintiéndome también un recluso, quise aferrarme a aquella quimera para intentar no sucumbir al exceso de realidad que me aprisionaba.
Sabía que el país reclamaría acciones cada día mientras siguiera imparable desmoronándose, pero no más a costa de mi cordura. Había rebasado el límite de la obsesión sin darme cuenta que una cierta inamovilidad me camelaba, que el tiempo no cesaba de lamerme los pies y el presente se me esfumaba; que la casa familiar, allá a lo lejos, era expoliada ya sin remedio. Para más inri, la honra de nuestros líderes seguía en una fragilidad prodigiosa. La de quienes nos habían traicionado antes y la de quienes, nuevos, se contagiaban pronto. El proceso de deterioro era a los ojos de todos, la escuela del mundo al revés; incomprensible si se miraba de cerca, incomprensible si se miraba de lejos, exigiendo vanos esfuerzos para ser explicado.
Por supuesto que de vez en cuando vuelvo a aferrarme a mi comparsa lastimera y regreso con el alma regañada a esos pequeños objetos que sobreviven en los cajones. El celo los mantiene a salvo para que resguarden mis más oscuros secretos urdidos en las indómitas tierras de Choroní, para que no dejen escapar las aventuras infantiles en mi patio cundido de hormigas coloradas, para que no dejen morir las memorias del Gran Café con sus deliciosas y corrientes simplezas. En esos cajones pervive el recuerdo de las tardes gastadas sobre un chinchorro, junto a esa sensación casi primitiva de ser extensión de los helechos, hermano de los cocuyos y de las ranas nocturnas. A cientos de kilómetros, la evocación como la ensoñación no me debilita, me reconstruye. Me devuelve hasta esa dimensión de mí mismo que nadie parece conocer en esta esquina del mundo, por más esfuerzos que realice. Sirve de combustible a la creatividad y de refugio para aliviar mi desasosiego, combatir mi desidia y de a poco, expulsar el pavor que se había hecho crónico. ¡Comienzo a florecer siendo yo en otro!
Pero asumo que, sin patria ni familia ni viejos amores, luzco ingrávido, y que esa condición a la gente de por estos lares a veces les genera cierto recelo. Sobre todo, a las mujeres que lo ven a uno como sin plomo. También es cierto que solo así puedo lanzarme infiel al Mediterráneo para dejarme arrullar por él mientras el recuerdo clavado en mi Caribe sigue encendiendo a escondidas mis pasiones más indecibles. Luego, por las noches, cuando el aire rancio abraza todo el silencio escueto de por aquí, curiosamente el rugir de las viejas cañerías estremeciéndose por el paso del agua me hace pensar en lo afortunado que soy. ¡Hay servicios! me digo y me resigno.
Es también una fortuna que la cotidianidad haya comenzado a habitar algunos vacíos. Hasta experimento ciertos olvidos que me dejan escuchar los grillos autóctonos con sus cantitos disonantes sin que el corazón me dé un vuelco lanzándome al pie del Ávila.
Soy enteramente consciente, mi estimada: el pasado no se puede cambiar. Solo queda destrabar el tiempo, soñar, dormido o despierto. Una tontería necesaria para barrer lo incómodo y acceder a esos pequeños recovecos de resistencia que reivindican lo que nos es propio desde que nacimos.
Autora: Lilian Rosales
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Lilian Rosales B. es una periodista y comunicadora audiovisual venezolano-española egresada de la UCAB (Venezuela) con MBA en Empresas Radiofónicas por la UAB (Barcelona, España) que desarrolla en paralelo su carrera como artista visual haciendo uso de diversas disciplinas. Su obra abarca desde el audiovisual, la danza y la narrativa hasta la pintura, el dibujo y la ilustración.
Como periodista es agitadora imaginativa y de conciencia, encabezó la web El Fisgón Magazine. Durante 5 años fue coordinadora del capítulo Tarragona de la ONG LEAN y hoy en día se desempeña como formadora, redactora freelance y experta asesora en comunicación.
Ha escrito para los diarios El Globo y Miami Diario. También para las revistas ARGEXPRESS, Non-fiction Culture, Cine a la fresca, Estrictamente Vinos, Weakerties, el FisgónMagazine y para instituciones como The Wilson Center. Ha colaborado con Actualy.es, Recuento, Venezuelanpress, entre otros. Tiene publicado un cuento infantil ilustrado basado en la adaptación de la Leyenda de St Jordi y titulado “Un caballer, una rosa” edición a cargo del Ayuntamiento de Salou.
Como artista, es instintiva y desenfadada. Apoya sus proyectos en la pulsión de vida que, como un arrebato, le empuja en cada aventura creativa. Ha expuesto en individuales y colectivas en Latinoamérica y Europa. También ha sido la autora de las ilustraciones para La Mirada del agua (Marianella Yánez), Adelante, microrrelatos en Cuarentena (Venezuelanpres), Cincuenta y tres lomos (Silvia Puigerdà), Grita (Salvatore Cignitti) entre otros.
Ha sido ganadora del: 1er Premio «Cartas desde la Diáspora» de la Asociación Gente que Comunica, 3r premio nacional de periodismo Miguel Otero Silva por su relato “Volver como semilla” 2022, 2ª premio “La visión del mundo dentro de casa” en el 1r concurso de fotografía de La Fabrika Centro de Arte de Caracas (2020), 1er Premio al Mejor Diseño e Ilustración por el Día Internacional de la Mujer 8M otorgado por el Adjuntament de Montcada i Reixac, Barcelona (2019), 1er Premio Mejor Diseño e Ilustración “30 años EOI de Tarragona” entregado por la Generalitat de Catalunya (2017), entre otros.
Excelente descripción Lilian. Sigamos soñando dormidos o despiertos. Enhorabuena este reconocimiento a una profesional excelente! Mis respetos
Excelente catarsis expresada de manera consona y certera. Que refleja las circunstancias de muchas vivencias que muchos no sabemos reflejar en palabras tan bonitas. Exitos amiga.
Ya no volvemos ser lo mismo. Nunca más. Hemos salido y con ello hemos perdido la virginidad territorial. Ahora somos extranjeros aquí, allá y an cualquier sitio. Incluso si retornamos. Ahora somos otros. Hemos roto las cadenas de la tierra y eso es doloroso a la vez que liberador.
Me agrada tu prosa. Podrías escribir buenas novelas.
Cariños.
Todo el camino de vida recorrido nos deja vivencias. Las buenas siempre nos dan alegrias, sin embargo las » las no tan buenas» nos fortalecen y enseñan. Aprender a vivir no es cosa sencilla si no miramos al interior y la tu lo haces de una forma sentida que muestra el material del cual esta hecha . Siemore dejaras huellas.
Querida comadre:
Hermoso y evocador relato en el que de pronto nos encontramos en este largo peregrinar al que nos ha traído la vida, lleno de profundas reflexiones y recuerdos.
Gracias por compartirlo
Es una sensación de .. “yo también he estado ahí, con los mismos recuerdos y sensaciones. Es una historia de sueños compartidos, que lejos de alejarnos, nos ha cerca más en el cariño y que me complace ver cómo eres y seguirás siendo una luchadora incansable.
Muchos besos a ti y a la familia.
Excelente! Un relato que traslada al lector a los tiempos y espacios que la autora plasma, con una hermosísima sensibilidad, a cada una de sus lineas. Realmente no solo lei su relato….realmente viví su relato. Mis mas sinceras felicitaciones.
Felicidades!!! Qué orgullo contar con alguien que sepa escribir tan certeramente bonito para expresar públicamente los sentimientos de aquellos que nos fuimos…
Excelente, Lilian. Recoges el sentimiento de quienes todavía respiramos esperando ese cambio, aunque en el fondo nosotros mismos vamos cambiando. Bien escrito, además con profundo sentimiento.
La Elegía del Inmigrante. Desgarradora!
Excelente narrativa con la que me identifico totalmente sin poder expresarlo con tan maravilloso lenguaje me emocione de ver mi vida reflejada allí en esas líneas!!! Graciasss!!! Merecido reconocimiento graciassssss por compartirlo
Excelente.
Solo nos queda… seguir.
Un saludo
Inmensamente agradecida por los comentarios de todos, mi mayor premio es saber que mis palabras resuenan en el otro, se aproximan a la experiencia de muchos y que quizá, sirven de catarsis para otros tantos. Honrada me siento.
Dejar tu tierra y todo lo sembrado en ella creo que es una muy dolorosa decisión, pero también valiente, puesto que es luchar por adaptarse a la nueva tierra teniendo como contrincante toda la vida dejada, haya sido buena o no tan buena, era lo que te había tocado; lo de ahora tu lo estás escogiendo, ademas de acosarte el sentimiento, pasando por la nostalgia, hasta llegar incluso al remordimiento por haber “abandonado” eso que te había tocado, obstaculiza en mas o en menos la necesaria adaptación en el nuevo lar….
Buena ilustración de las vivencias de emigrar amiga, muy de tu estilo, felicitaciones!!!
Felicitaciones. La visualización de los pensamientos, miedos, vivencias vista por una gran artista como es Lilian. Además narra co maestría.
Hermoso y sentido. Cada palabra un sentido puñal para el que un baúl de recuerdos vívidos en la memoria.