Mamá, hoy por fin regresé a casa.
Estoy feliz, no tienes idea de todo lo que conseguí aquí.
No arranco de mis pensamientos, el recuerdo de tener que despedir tus dulces manos otra vez.
Tibias, porque siempre las tienes juntitas. Calientes aunque para ti haya un frío inclemente.
Entre sollozos te pedí la bendición y tu llenita de miedo, llorando, me dijiste adiós.
Se me arrugó el corazón. Se me quebró la voz.
Es momento de emprender este retorno, que me llevará a excavar dentro de mi en lo más hondo.
Regresar aquí. Donde pertenecí, donde fui.
Un similar recuerdo volvió a mi mente al llegar aquí. Cuando voltee a ver esta casa. MI CASA antes de partir.
No puedo negar que me sorprendí, todo se me hace tan familiar pero a la vez tan desconocido.
Hay pocas cosas que siguen aquí, hay muchas otras que se han ido. Pero inevitablemente lo que sigue dentro de mi, es lo que aquí he vivido.
Me encontré con paredes viejas, desgastadas.
Con una estructura cansada, con un olor a nostalgia.
Una casa llenita de recuerdos.
Recuerdos bellos, mismos que me definieron en su momento.
Al igual que tú, estas paredes me vieron crecer.
Me escucharon llorar, me vieron reír.
Y aunque sabíamos que en cualquier momento lo viviríamos;
cuando menos lo pensaron ustedes dos, me tuvieron que despedir.
Créeme, yo tampoco esperaba que sería tan temprano.
Ambas me enseñaron a imaginar.
Fueron el público que ovacionaba de pie cada vez que mi corazón me pidió soñar;
cada vez que los años me pedían volar, cada vez que el escenario me exigía actuar.
Estando aquí, Tengo mucho para recordar.
Mi casa susurra: «Recuerda quien eras y hacia donde vas».
Tu voz mama, la escucho con más claridad. Me dice muy segura: »Nunca dejes de continuar».
Hoy tengo tanto para llorar, pero también tengo tanto para celebrar.
Es una mixtura de sentimientos que no encuentro como explicar.
Llorando, porque de cierta manera había olvidado una parte de quien yo era.
Había olvidado como se sentía estar de nuevo en casa.
Había olvidado como es abrazar a quienes me amaron, a las personas que me esperaron.
Incluso cuando me fui…
Como era caminar las calles donde crecí. Los lugares donde viví los recuerdos más felices.
Celebro, porque he vuelto.
Tal vez por poco tiempo, pero acompañada del ejemplo que soñar en grande me quedo pequeño.
Ahora entiendo que ha pasado mucho tiempo, lo noto en los ojos de quienes me hallaron en este reencuentro.
En el bucle de esta fantasía, no me di cuenta de que todo seguía.
Que el tiempo aquí también transcurría. Pensaba que todo igual seguiría, que las mismas personas encontraría.
Inconscientemente, imaginaba que de alguna manera mi recuerdo lo detendría.
Pero cuando estás aquí entiendes, que el tiempo nunca deja de pasar.
Él no se permite parar.
Me dicen que he cambiado tanto que tardan en reconocerme.
Yo no lo sabía hasta que en el espejo de esta casa pude verme.
Es cierto, mamá. La verdad es que ya no soy igual. Si cambié, no está tan mal.
Traje hasta aquí esta versión de mí, para que se conozca con la versión que vive aquí.
Y me enteré de que se conocían, pero que no se habían visto desde hace muchísimos días.
(Preferí no quitarles a ellas, la idea de que fueron días. Y que solo por esta ocasión, no recuerden que unos cuantos años ya pasó.)
¡Reencontrarse entre ellas fue una maravilla! Una completaba lo que la otra no tenía.
Y claro mamá que cada una tuvo el momento donde protagonizó. Estoy segura de que sabes que la risa no faltó a esta invitación.
Para mí, como anfitriona de esta tertulia entre amigas; resultó ser una recarga total de deliciosa serotonina.
Justo lo que me faltaba para comenzar la próxima trama.
Estoy meditando, sacando mucha filosofía.
Desde mis ojos veo este reencuentro cargado de epistemología.
Lo que vendrá, es bueno. Y mientras voy cultivando mi intelecto.
Refrescándolo con esta experiencia que me abrirá a caminos inciertos.
¡No sabes cuanto disfruto esto!
Me despido mamá. Pero no sin antes recordarte que por ti y por mi casa mantengo el mismo sentimiento:
Disfrutar de tu vejez, acompañarlas a echar cuento.
Darles de mí lo más bueno, que me vean logrando mis sueños.
Que continúen siendo ustedes ese lugar al que siempre deseo regresar.
Sueño con que caminemos juntas estas calles de nuevo.
Como cuando yo era más pequeña y me agarrabas el brazo diciendo que es para que no me pierda.
Esta vez te daré yo mi brazo. Para que de él te sostengas, caminando a tu paso. Cargado de cuentos, colmado de años.
Mi epístola más certera es que da igual de donde venga, como vaya o en donde me detenga.
Mi madre siempre será mi casa y mi casa siempre será como una madre.
Cualquier país, cualquier lugar es mi casa si estás tú allí, mamá.
Y mi casa siempre tendrá esa sensación a madre que no deja de amar, aunque su hijo no está.
O aunque estoy y tengo varios días sin visitar…
Igual que hice con esta casa, tú y yo nos volveremos a encontrar.
Y al igual que con ella, nos sentáremos a recordar.
¡Mantén tu fe, el reencuentro se dará!
¡De nuevo juntas las 3 en nuestro lugar natal!
Te amo mucho. La bendición, mamá. »