Madrid, octubre de 2023
Te escribo esta carta con mi más sincero deseo de que te encuentres bien, a pesar de las enormes dificultades que estás enfrentando en estos momentos. En estas líneas quiero expresarte mi profundo amor y gratitud por los años que pasé contigo, pues mi corazón atesora importantes y muy valiosos recuerdos que están enmarcados en tus siluetas y colores.
Nací y crecí en tus tierras pero, como sabes, siempre sentí que algo faltaba… siempre me acompañó la sensación de no encajar por completo en ese complejo rompecabezas que eres.
Eres hermosa, Venezuela. No podré negar jamás la belleza de tus paisajes, la calidez de tu gente y la riqueza de tu cultura. Tus tradiciones, comidas y modismos siempre serán parte de mi ser. Sin embargo, vivir en tu seno también significó enfrentar desafíos muy difíciles. Llegó un momento en el que la escasez, los apagones, la falta de agua, el transporte precario y la inseguridad constante marcaron mis días y noches.
A pesar de mis raíces, nunca me sentí completamente tuyo. El acento, las palabras y las costumbres de mi entorno familiar delataban que había algo diferente en mí, algo que me separaba de la vida que había fuera de mi casa… Luego, vivir en una zona rural acentuó esa sensación, porque allí las carencias se volvieron aún más palpables. Siempre deseé que fueras el lugar donde realizarme por completo, pero la realidad me demostró, día tras día, que esa posibilidad se desvanecía cada vez un poco más.
Hace tiempo que tomé la difícil decisión de emigrar a España, y quiero que sepas que no fue una decisión que tomara a la ligera. Sabía que dejar atrás todo lo que conocía sería un reto, pero sentí que no tenía otra opción. Emigré en busca de una vida mejor, en busca de esa felicidad que parecía esquivarme en mi tierra natal.
Llegué a España y, desde el primer momento, sentí que había encontrado un lugar donde encajaba, donde podía ser yo mismo sin miedo, ni limitaciones. Aquí la infraestructura es sólida, la seguridad es palpable y la calidad de vida es envidiable. Pero, más allá de las comodidades materiales, descubrí que la verdadera riqueza está en la sensación de pertenencia, en la oportunidad de crecer y desarrollarme como individuo.
En España me siento aceptado, valorado y respetado, sin importar de dónde venga ni cómo sea mi acento. Aquí he encontrado la felicidad que tanto necesitaba encontrar y la estabilidad que, por mucho que lo intenté, no pude experimentar contigo. Hoy siento mucho agradecimiento por el aprendizaje que me dejaste, pues en gran medida fue lo que me ayudó a establecerme en este país al que ahora considero mi hogar.
Venezuela, no te escribo esta carta para lastimarte ni para culparte. Más bien, lo hago para expresarte mi reconocimiento y rendir tributo a ese pedazo de ti siempre llevaré en mi corazón, aunque mi vida haya tomado un rumbo distinto y haya sido otro el lugar donde encontré la paz y la felicidad que anhelaba.
Aún enfrentas tiempos difíciles. Mi deseo es que puedas superar estos desafíos y volver a ser la tierra que todos los venezolanos merecen. Mis pensamientos y mis oraciones siempre estarán contigo. Confío en que algún día las circunstancias serán mejores, para que futuras generaciones no tengan que tomar la difícil decisión que yo tomé.
Con cariño y gratitud,
Enrique Vásquez