Willie, el arquitecto del oro

Hablar de Willie Colón es aludir al hombre que le dio a la salsa su «pasaporte de leyenda». Aunque muchos lo reconocen como un productor magistral, su identidad nace de la fuerza de su trombón, ese que cobra protagonismo dentro de una orquesta aunque no suene más alto. Era como si tuviese un lenguaje único, especial. Como si nos hablara. Vayan a oirlo y me darán la razón: Chinacubana, Idilio, The Hustler, Plantación Adentro, Usted abusó, Lluvia de tu cielo, Te están buscando, Son desangrado, Juana Peña…

Con un estilo agresivo, urbano y profundamente rítmico, el Malo del Bronx elevó este instrumento, de ser un simple acompañamiento, a convertirse en la voz principal de la calle luna, calle sol… marcando una era donde el metal rugía con elegancia y rebeldía.

Como si fuese un Fantasma, se coló por ventanas, rendijas o puertas abiertas de gente que trapeaba en casa, o conducía el auto, o del que en un baile del barrio le cantaba al oido a una Gitana «tu pelo, tu pelo… tu cara, tu cara…»

Más allá de su virtuosismo interpretativo, Willie fue el Rey Midas del género. Tuvo la visión casi profética de identificar talentos y llevarlos al Olimpo de la música. Su rol no fue sólo acompañar, sino esculpir las carreras de figuras icónicas como Héctor Lavoe, junto a quien definió el sonido del «Malandro» y el sentimiento del barrio.

Con Rubén, forjó la columna vertebral de la salsa intelectual, que dio vida a la obra cumbre Siembra, el álbum más vendido y respetado de la historia del género.

También cuentan Celia Cruz, Amilcar Boscán y Soledad Bravo, voces que, bajo su producción, encontraron matices nuevos y un sitial de honor en la industria.

​Willie Colón no sólo hacía música; diseñaba legados. Su capacidad para fusionar el folclore con lo urbano lo convierte en el estratega definitivo de la salsa, un artista que supo soplar su trombón para despertar el alma de todo un continente.

Quiero pensar que preparó su Maleta y que va Camino al Barrio. No el del Baquiné de los Angelitos Negros, sino a aquel del que tanto habla Rubén a donde va la gente cuando deja este plano. A ese lugar donde pueda reencontrarse con los duros de la salsa que se despidieron antes de él. Que vaya de noche a visitar la gloria en Puerto Rico, las veces que quiera sin el temor de despertar.

Esto no ha sido un Asalto Navideño, pero en vez de un Corazón Guerrero, me ha dejado una mitad un poco quebrada. La otra, lo aplaude y lo canta, lo despide con honores, y agradecida de todos los momentos inmortales que nos hizo vibrar y bailar. ¡Guapea Willie Colón!

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