Carta a la tortuguita Irene

Fotos Yoama Lasa

Mi querida Irene:

Llegaste a casa sin previo aviso, sin que te estuviéramos buscando. Fuiste tú, la que decidió hacerse presente en aquella carretera andina venezolana por donde mi padre transitaba una mañana de regreso a casa.

Nunca te dije cómo tu abuelo contó lo de tu hallazgo. Él nos narró: “Yo iba en la carretera panamericana con el chofer de la empresa, cuando de repente, a lo lejos divisamos una pequeña piedrecilla que se movía penosamente de un arcén a otro. Rápidamente, me doy cuenta del peligro que corre, y pido que nos detengamos para salvar su vida. Así que la recogí y la traje a casa…”

Antes de escuchar esa heroica historia ocurrió nuestro encuentro. Los tres hermanos llegamos a casa del colegio a la hora de la comida y, de repente, en pleno salón, te vimos, mi querida Irene. La mayor de nosotros te inquiere en alta voz: -Pero ¿qué es esto? ¿Una tortuga en la casa?”. Recuerdo que hiciste mutis respetuoso, como siempre. Yo, a diferencia de ella, pero a semejanza tuya, estaba a la expectativa, no sabía qué hacer. Vanesa, algo más grande y decidida, te cogió con sus manos, y se alegró, a su manera, de la nueva mascota en casa.

Tu abuelito prosiguió con sus explicaciones, diciéndonos que a la semana siguiente te devolvería a tu hábitat. Quién iba a decir, mi quelonia amiga, que de una semana nada; que no solo mi infancia, sino también mi juventud y hasta en mis primeros años de casada me acompañarías, pues ya de casa no te dejaríamos ir.

En un principio mi hermana mayor quiso atenderte. Pronto, afortunadamente, ya no… Y fue así como yo me convertí en tu cuidadora, y en la hora de tu bautizo te llamé como la reina venezolana y del Universo que tenía su cabellera dorada, del mismo color de las manchas de tu cabecita. Yo tenía ocho años y te convertiste en mi confidente, mi refugio cuando estaba triste. En tu caparazón cabíamos las dos. Te abrazaba, a pesar de que muchas veces hacías pipí sobre mí. Pero, oye, no me quejo, ¿Quién me dijo que las tortugas son para cargar?

Mi dulce Irene, siempre te cuidé sin que me lo pidieras, y siempre supiste compensar mis atenciones con tu presencia. Cuando te caíste de la primera planta del edificio o cuando tuviste huevos allí estuve para ti. Nosotros pensando que aquello de los huevos era imposible ya que no estabas en contacto con ningún macho de tu especie. Pero resulta que tú puedes guardarte tu último encuentro afectivo por años y decidir cuándo fecundar tus propios huevos. ¡Aún me maravillo con ese secretito tuyo!

Y sí, tuviste dos huevos que no pudiste expulsar. Fue la veterinaria quien luego de desahuciarte te sacó los huevecillos. Lamentablemente no fuiste mamá, y tu pena te costó meses de letargo. De ti aprendí tu resiliencia, tu aguante y tu deseo de perseverar en la vida pese a las adversidades. Por esa enseñanza silente te estaré siempre agradecida.

Pero basta ya de lágrimas y chismes. ¿Recuerdas nuestras citas de pedicure? Yo te cortaba las uñas, te las pintaba con colores fashion. Te llevaba en nuestros viajes familiares: al frío de la ciudad de Mérida, a la cálida arena de Falcón. Aunque eres de río, ¡Ya no me puedes esconder que disfrutaste un montón con la arena y el agua del Mar Caribe! Enloqueciste por querer meterte al mar.

¡Fue maravilloso verte tan alegre! ¡Fue pavoroso verte alejándote en altamar! Menos mal que mi padre te alcanzó a tiempo, pilluela. Luego, aprendimos la lección y ya no quedó más que amarrarte una cuerda a tu “cintura” para que no te perdiéramos en esa inmensidad azul y cálida del mar venezolano.

Siempre fuiste mi compañera. Te llevé conmigo a mi experiencia preuniversitaria, y largos meses me ayudaste a estudiar en Mérida. Cuando me fui de casa a vivir con Edgar los supuestos quince días del confinamiento por la pandemia, no tardé en convencer a ese insensato de la necesidad de tener una mascota, pues al principio a él no le apetecía mucho que vivieras con nosotros, pero al final lo convencí y te quiso tanto como yo.

Fue tan difícil tomar la decisión de con quién te iba a dejar cuando emigrara a España. Yo no podía traerte, ya que ni yo misma sabía cuál sería mi suerte (además de que a ti no te darían pasaporte ni visa para una migración transatlántica). Pensé muchas opciones, porque debía ser una persona que no tuviese mascotas, ya que tú eres muy nerviosa con otros animales. Yo quería estar segura de que en tu nueva casa te iban a querer de verdad. Y bueno, apareció Camilita, quien con sus diez años me recordó a mí por el amor hacia los animales, y en particular hacia ti desde la primera vez que te vio. Camilita gritó de emoción cuando le dije que iba a ser tu próxima mamá. Y ahora celebra tus “cumpleaños” con tarta. Sí, Irene, ya sé que comes tarta, te vi y no me lo podrás negar. Cuántas lágrimas y risas te debo, incluso en la distancia, mi tortuguita.

Te recuerdo siempre y no me pierdo los vídeos y las fotos que me envían. Gracias por haber llegado a mi vida, mi tortuguita.

Tu cuidadora de siempre, Yoama

Autor: Yoama Lasa Eljuri

Ver Semblanza >

Yoama Lasa Eljuri es venezolana de San Cristóbal, estado Táchira y española por línea paterna.

Decidí emigrar junto a mi esposo en 2022 y actualmente ambos vivimos en Madrid. Dejamos muchas querencias, títulos, vivencias y posibilidades en nuestro país para conseguir un futuro más sostenible en la tierra de mis abuelos. Y aquí estamos, dando los incipientes pasos de todo emigrante. He escrito sobre mi única mascota, Irene, la tortuga que me acompañó por casi 30 años, que he dejado con mucha tristeza y añoranza en mi ciudad natal.

Carta a la tortuguita Irene comentarios en «2»

  1. Que carta tan linda, con esa atención y cuidado a los animales, cuidarlos y estar pendiente de ellos como si fuese una persona, estar pendiente del entorno de los animales, estupendo. Me ha parecido preciosa la carta.

  2. Muchas gracias; Irene fue mi mascota de la infancia fueron casi 30 años conmigo vivimos muchas cosas al final las mascotas se convierten en parte de la familia! Aunque una tortuga no es tan expresiva como un perro o un gato es increíble cómo se va conociendo y vas viendo la inteligencia que tienen!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *