Beasain, Octubre 2023
Querida mamita,
Deseo que esté bien. He estado pensando mucho en Usted, en todo lo que ha transitado desde su niñez. En que no quisiera que pasara más penurias en Venezuela. En tenerla aquí conmigo.
Desde que nos vimos en México han transcurrido dos años. Años en los que las cosas siguen igual en este país tan particular y con mi pareja. A veces no sé si merece la pena seguir aquí. En Beasain, un pueblo que se me ha quedado tan pequeño, en esta sociedad que he comprobado matriarcal y también machista. En el País Vasco, un lugar donde las únicas opciones laborales son ser dependienta, cuidadora de niños o ancianos o camarera de bar o de hoteles. Parece que no tenemos materia gris para nada más.
Hace poco fui a un Foro Jurídico denominado ‘Derechos legales de las personas migrantes’. En el apartado de los testimonios, una nicaragüense lloraba diciendo, que vino aquí pensando en comerse el mundo como profesora y cuando el destino le dio su primera dosis de realidad, entendió que hacemos las cosas que en mi caso muchos vascos no quieren hacer. La sangre me hirvió cuando la periodista que moderaba el panel de expertos, dejó caer la migración vs. la mano de obra en sectores productivos que la brecha generacional vasca no puede cubrir. Ahí somos un número que cobra vida. Una estadística en las manos de un Consejero de Gobierno que prepara un discurso convincente para hacer ver que hay inclusión social y laboral. Mientras tanto, muchos hermanos migrantes viven y trabajan en la ilegalidad. Hasta tener la primera cita para iniciar su regularización, por asilo o alguna medida de protección internacional son obligados a vivir de manera clandestina. ¡Coño que el propio sistema burocrático propicia este tipo de cosas!. Hace falta voluntad política. Menos mal tenía que irme para no perder el tren, pues ya me estaba poniendo negra con estos señores que desde sus asientos no presionan a los políticos.
Siguiendo con el tema de mi pareja, muchos hombres siguen un patrón marcado por sus madres, quienes buscan una sustituta de ellas en sus futuras yernas. Recientemente, he entrevistado a un psicólogo y me ha dicho algo revelador: en el propio machismo hay un componente maternal que no dejaba que ese niño llorara, fregara un plato o tuviera alguna responsabilidad. Claro, eso hace que cuando sean adultos repitan el mismo patrón con sus parejas. Y ya sabe la cuadrilla es un nexo que los tiene atados a tierra y muchas veces en su zona de confort. Soy un espíritu libre mamá. No sirvo para estar tantas horas metida en un mismo lugar y que decir de contar mis cosas íntimas abiertamente en un lugar a un grupo de gente. ¡No, que va! Son costumbres que adaptas a ti o no y que pasado mucho tiempo pueden hacer mella. Si cuando llegué, no hubiese hablado con todo el mundo en este pueblo, me hubiera hundido porque no he tenido cuadrillas de amigas, pues son grupos cerradas. Siempre me he llevado mejor con los hombres. Pero en estos años como inmigrante he aprendido que hasta nuestra vida afuera pasa por una evolución y cuando ya sientes que cerraste tu ciclo en un lugar, es tiempo de abrir las alas y volar. En ese proceso estoy yo. Me he cansado de tocar puertas, de meter currículums, de hacer cursos sin que nadie me dé un voto de confianza para demostrar todo lo que he aprendido, los apellidos vascos sí son tomados en cuenta.
Ay amor de mi vida cuanto te extraño. Cuando me fui de Puebla, lloré muchísimo en el aeropuerto. Quería quedarme para siempre con Ustedes. Pero tenía que volver a trabajar, a ser esposa y a producir. Quien imaginaría que yo estaría tanto tiempo sin verla. A veces viajo al Seminario Kermaría donde fue mi discurso de bachillerato. A encontrarme con Usted, a sentarnos a hablar en sus pasillos, donde el tiempo se detiene. En mi cabeza suena la música de Una vida y dos mandados y hasta he conocido en persona al talentosísimo Nascuy Linares, el esposo de mi amiga Mao. Es lo bonito que nos ha dejado la diáspora cuando llegamos a un país extranjero, todos somos iguales. Podemos conocer gente que antes era inalcanzable.
Quiero que esté orgullosa de mí. Aunque no he trabajado en ningún medio, he entrevistado gente importante, entablado amistad y aprendido mucho de otros profesionales gracias a mi podcast que creo ya ha escuchado. Un trabajo duro pero bonito. A través de esos viajes sonoros me conecto con papá, radioaficionado y con quién tuve mi primer contacto con los micrófonos. En este camino también como desde niña he diversificado mi red de amistades. La verdad es que con los venezolanos me he llevado unos cuantos chascos, es triste pero tengo pocas amistades de mi país.
Estoy pensando cómo hacer para vernos pronto. No me gustaría pasar un año más sin verla. Sin ver a mis sobrinos. Estoy cosiendo bolsos para que ver surge de todo esto. Siempre te amaré porque hasta ahora nadie me ha querido como tú, mi lucero de la mañana.
Su preciosa gacela
Fridutxa