Madrid, 23 de Octubre de 2023.
Querida YO del Futuro:
Hoy que tengo el valor de escribirte estas líneas sin llorar, quiero que sepas que fui enormemente feliz cuando vivíamos en Villa Marina, aunque no teníamos dinero en abundancia, éramos ricos y aunque no viajábamos físicamente no nos faltaba imaginación para volar.
Recuerdo las vacaciones en la Villa, cuando terminaba el periodo escolar, eran días continuos de playa, el pueblo lleno de gente de todas partes de Venezuela y a veces extranjeros, recuerdo que al frente de casa en el estacionamiento del Marino no cabía un carro más, todos querían comer el pescado frito con funche y ensalada que preparaba el abuelo Cunacho en el Restaurant, Sabrosooo, todos querían ir allí, a la Villa, en la Puntica de Paraguaná, donde el viento se devuelve arrastrando las olas del caribe, ese pueblito pequeñito y picoso pero inolvidable.
No sabía muy bien que era lo que más enganchaba a los forasteros al pueblo, no sé si eran sus amaneceres o sus atardeceres en la playa, el vendaval previo a la lluvia, sus aguas caribeñas o si simplemente éramos nosotros, la gente del pueblo, pero se convirtió en el lugar donde no habías salido de la redoma cuando ya añorabas que nuevamente llegaran las vacaciones para regresar. Probablemente, gracias a esta carta muchas personas que ni siquiera saben dónde queda La Villa en el Mapa de Venezuela la buscaran y hasta querrán visitarla y saber si es tanto cierto lo que aquí te estoy escribiendo, ojalá que así sea.
Solo quería recordarte los momentos de colores porque los momentos en blanco y negro ya van tatuados contigo en el alma y aunque todos han sido parte de la que soy hoy y de la que tú serás mañana he querido mostrarte lo que a nuestro corazón le hace palpitar de alegría, de emoción, de nostalgia. Esos momentos de colores en la Villa, cuando la abuela Caya asomaba su cabecita blanca con sus dos trencitas para ver si venía el camión de Los Atacho, el Café que me guardaba la abuela Charo todas las mañanas, Papi yendo y viniendo todo el día por el pueblo, metiéndose en todas las casas a tomar Café, Mami y las tías hablando de política en el porche de la casa, La Semana Santa con el pueblo a reventar de gente, Las fiestas Patronales en honor a la Virgen del Valle cada Septiembre, La decoración del Árbol y las cenas cada Diciembre en aquellos mesones largos vestidos de Rojo y Verde donde nos reuníamos todos para dar gracias a Dios por una Navidad más juntos en familia.
Son esas cosas, esos momentos, esos lugares que por muy simples que parecían llenaron tu mundo, tu existencia e hicieron tu historia de vida. Allí fuiste Feliz, allí aprendiste que la clave del éxito es tener una base sólida de principios y valores, que se sale adelante con lo que hay, que lo más importante en la vida es ser buena persona sin que etiqueten de pendejo y ayudar siempre a quien lo necesite hasta donde se puede y que ser creyentes de Dios no es cuestión de estar en una religión, es cuestión de Fe porque lo vivimos en casa cada día, por eso abriste tus alas y volaste, aún insegura volaste y en el camino te has moldeado, te has adaptado y has crecido cual mariposa, pero nunca olvides de dónde has salido y donde sea que te encuentres espero que hayas encontrado tu sitio, tu Paz, que continúes trabajando tu arte, porque eres artista por naturaleza y hacer más de eso que lo hace a una feliz es lo que a larga nos da la vida.
Por eso aún me acompaña aquel recuerdo de cuando dibujabas sin parar tus muñecas (sentadita en el comedor en la sala de la casa con Hilda Gabriela), aquellas muñecas de cabellos largos de todos los colores, grandes accesorios y con diferentes modelos de vestido, de fiesta, de cocktail, trajes de baño, creo que ahí fue donde me di cuenta de ese don, de agarrar un lápiz, un papel y la mano se movía al ritmo que le marcaba la imaginación y también recuerdo aquel concurso en el Colegio donde pedían dibujar y hablar sobre Francisco de Miranda, te ganaste una caja de creyones Prisma Color y un block de dibujo, aquello la fue alegría absoluta de una niña de 10 años que ganaba algo por primera vez, la primera que se evaluaba y se reconocía un trabajo hecho con mis propias manos, aunque debo decir que dibujar era un poco queriendo hacer lo que hacía Wanda.
Aquella niña con personalidad de artista es la que debe perdurar en el tiempo, esa niña con una imaginación infinita que soñaba despierta, que escribía, que pintaba, que diseñaba, que se metía en todos los saraos donde había algo que aprender con la curiosidad siempre despierta.
Al terminar de escribir esta carta la depositaré en la máquina del tiempo y sabrás que esta Juanita La Traviesa (recordando aquel primer baile en el kínder) con estas palabras hemos ganado, que la ilusión con la que fue escrita emocionó y aunque el objetivo era simplemente ser honesta, drenar recuerdos y hacer catarsis logramos mucho más que eso y por eso ganamos.
Con todo el Amor y deseándote siempre que seas muy Feliz, Te quiere.
Tu YO del Presente