Añorando un café con mi madre

31 de octubre de 2023

Mi querida María E:

Es increíble, que un órgano con movimiento propio, ubicado en el centro de mi pecho, fisiológicamente caben determinado número de venas, arterias y conductos específicos para vivir, pero metafóricamente caben incontables sentimientos, experiencias y vivencias que van creciendo con el paso de los días en este lugar y que si pudiera traerte un ratito a la sala de este nuestro nuevo hogar, en medio de un café con arepitas calientes, te contaría tantas dichas y desdichas que ha traído esta aventura que emprendimos como familia y de la que recibí tu bendición cuando te conté nuestros planes de emigrar.

He peleado durante los 17 meses y 25 días que llevo aquí, con esos pensamientos de nostalgia y tristeza que gritan desde mi tierra amada, pidiendo que regrese, que fueron muchas las cosas y recuerdos que allí quedaron y otros tantos que esperan por mí. Pero me pongo unos audífonos en sintonía con esta nueva realidad. Intento disfrutar cada amanecer, de la imponente montaña que veo desde mi ventana, el mar que rodea esta preciosa isla. La tranquilidad y el privilegio de ver la sonrisa en la cara de mis amadas hijas que no tenía la oportunidad de apreciar hace mucho tiempo puesto que el trabajo en mi tierra era tan absorbente que me estaba dejando sin vida para vivir.

Me he topado con grandes personas de corazón noble y bello, nacidas para ayudar, dispuestas a mostrarme que aún quedan buenas personas en este mundo, ese tipo de ángeles hacen que sea más llevadero el hecho de que no tenga un trabajo estable por incongruencias de la ley y que fuera toda una odisea conseguir donde vivir, encontrar un colegio para las peques y adaptarme a la realidad de que en Colombia era una exitosa enfermera, reconocida por dar el corazón en mi labor pero aquí no tengo título ni de bachiller.

Todos los días le pido a Dios y sé que tú me acompañas en esas oraciones, que los migrantes como yo, que queremos devolver a esta tierra lo bueno que hemos recibido, se nos abran las puertas y las oportunidades para adaptarnos e integrarnos como debe ser, no a medias sino de un todo y por el todo.

Escríbeme y cuéntame con toda sinceridad como te sientes, que es lo que anhelas decirme pero que, igual que yo por la distancia y la imposibilidad de vernos a corto plazo solo decimos que todo está bien. Solo por no preocuparnos la una a la otra, evitando sentir esa impotencia de querer ayudar, acompañar o dar ánimo a otro y no poder hacerlo porque nos separa un gran océano imponente como lo es el Atlántico.

Te quiero infinitamente, agradezco cada una de tus enseñanzas y tu ejemplo que me han servido como armas para salir adelante afrontar el día a día y silenciar esos gritos de los que te hablaba.

Con amor tu hija menor Marcelita

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