Foto Juan Goncalves
Autor: Dayana Hernández
DESTINATARIO: Plaza Bolívar. Santiago de León de Caracas.
Aunque te llamaron Santiago de León, nosotros te hablamos en femenino.
A ti que otrora fuiste “La de los techos Rojos” la que dio el ejemplo. La que nunca se rindió. Mi Caracas. Viste nacer y enterraste héroes en tumbas sin nombre, te sitiaron, fuiste donde el pobre y el rico gritaron “Libertad”.
Fuiste también quien dio hogar a dos santos médicos de los pobres en La Pastora. Hoy uno brilla en los Altares y comete milagros. Nuestro Doctor José Gregorio Hernández. Otro, creador de la vacuna contra la lepra, bíblica enfermedad. Jacinto Convit, antes de morir decía “el amor es el único antídoto contra el odio” en ese entorno crecimos, Caracas.
Crisol de cultura, arte y ciencia es tu Universidad.
Esa misma Universidad que permitió que la hija de unos campesinos de la Isla de El Hierro fuera enfermera y luego odontólogo. La misma que le dio a un joven coriano la oportunidad de ser estadístico y criminalista y formar generaciones de la que fue la 4ta mejor policía científica del mundo. La que recorre mi tía, la académica de Cambridge, con 80 años, para formar nuevos docentes en la Escuela de Educación.
Universidad y Madre de la generación del 28.
Caracas, te atreviste a ser cuna de la democracia en América Latina, receptora de errantes, inmigrantes hartos del hambre y la guerra. LES DEVOLVISTE LAS GANAS DE VIVIR.
Le diste educación y arraigo a esa niña canaria, la misma que trabaja desde los 8 años, le diste esperanza, la convertiste en tu hija más devota.
Todavía por las noches tus sapitos me arrullan el sueño, aunque sea por internet. Y aquí la feligresía no se viste de morado en Miércoles Santo, PORQUE AQUÍ NO SE ESPERA UN MILAGRO COMO ALLÍ PARA SOBREVIVIR…
En tu Plaza Francia, una bala infame me arrebató a mi amiga de la infancia, Keyla, la misma que patinaba por las galerías del Santa Rosa de Lima aquellos diciembres que atesoro, en nuestro Castillo Blanco, con nuestras monjas que nos vieron crecer y la vieron apagarse aquel amargo 6 de diciembre. Ironías de la historia, aquí ese día es el Dia de la Constitución. Eso defendía Keyla aquella noche aciaga que inauguró la lista interminable de víctimas del chavismo. ¡Fuiste testigo de tanto, Caracas! Silenciosa, sé que todavía lloras.
Aquellos bailes glamorosos de antaño, que eran animados por la orquesta tu hijo adoptivo, El Maestro Billo, que inmortalizó su amor por ti, también amenizaba nuestra Navidad, “unos van alegres, otros van llorando” y yo lloro todos los 31 cuando leo “Las Uvas del Tiempo” de otro hijo adoptivo, oriental, que le enseñó al pintor que existen los angelitos negros…él mismo exiliado en Madrid escribió, hace cien años, en la Puerta de Sol, el poema que acompaña nuestra nostalgia “Las Uvas del Tiempo” y como hoy, todos parecen muy alegres pero nos pesa mucho estar lejos.
Fuiste “La Sucursal del Cielo” moderna y pujante como pocas. ¿Qué va a ser de nosotros, lejos de casa, Caracas?
Sultana enamorada, ¿cuántas historias callas?
Por esas calles la compasión sí que aparece -yo lo viví un horrible 13 de octubre cuando me soltaron mis secuestradores- me permito contradecir a Yordano. Y aunque nos cuidemos en las esquinas, sin distracciones cuando caminamos, tu más celebre grafitero, Don Plin, murió por una bala de esas con las que te bautizó. Yo también te quiero, Valle de Balas.
Daría lo que no está escrito por una patinata en el Santa Rosa, por un baile a la Virgen, en el Hogar Canario, por cantar un gol en La Hermandad Gallega, por un Caracas Magallanes en el Universitario, por una tarde de parrillada en Santa Inés, o por escuchar “Gaudeamus Igitur” bajo La Nubes de Calder, en una graduación de la UCV.
Tus guacamayas, tus araguaneyes, apamates y bucares bendicen el aire que allí se respira. El aire del caraqueño que sabe quien es y quien fue.
Nosotros en Madrid transitamos otoños sin saber hacia donde está el mar, ni el Norte. Huérfanos de rumbo, vagamos siempre con esperanza. Porque somos caraqueños. Con este peso en el alma, por ti. Cuidad que nos viste ser.
¡Gracias por tanto!
Sultana del Ávila.
Sucursal del Cielo.
Valle de Balas.
Cuidad ejemplar.
Mi Caracas, te quiero.
Dayana Hernández, Getafe, Madrid, España
Muy bella y pasionaria.