Desarraigo

Sevilla, octubre de 2023

Ya no sé de dónde soy.

Siendo pequeña me llevaron a Uruguay por la dictadura franquista, me quitaron las calles de mi infancia, las que recorría con mis 4 años saludando a la señora Benita la panadera, preguntando a mi tía Amelia que había que comer porque en casa, en postguerra, lo que había no alcanzaba para todos. Me quitaron la puerta verde donde entraba por la parte de abajo que se batía, mientras subía las escaleras. Me quitaron el jardín de San Carlos, el escaparate de don Ramón donde por navidad veía bailar los muñecos de nieve.

Y me integré, a pesar de las burlas en la escuela porque aún no sabía hablar bien el castellano. Me quitaron el idioma allá en Uruguay, no volví a hablar gallego. Mi vida transcurrió con un pie en el nuevo país y un pie en el Centro Coruñés que fundó, con otros gallegos, mi padre. Y canté la samba y el tango y la copla. Y amé ese país como mío. Nunca pensé que tendría que volver a marcharme. Era mi país, eran mis amigos. Era el país por el que luché en la calle, pero no se pudo impedir la dictadura militar y tuve que volver a salir.

Venezuela me recibió con los brazos abiertos, me cobijó, sentí que había encontrado el lugar del que habla Castañeda en las Enseñanzas de Don Juan. Allí me iba a quedar toda la vida, y me arraigué, vaya si me arraigué. Desarrollé mi carrera, mis amistades, mi pareja, maduré, cambié mi manera de ver la vida, disfruté de cada playa caribeña, de ese mar cálido y transparente, de las lluvias torrenciales, de la montaña, de las arepas y las cachapas, del hervido de gallina y aunque mi forma de pensar racional era muy sureña, mi corazón estaba venezolanizado.

Y tuve que volver a salir, desarraigarme por segunda vez, sin quererlo. Volví a salir a la calle a defender la democracia, pero la tiranía nos arrancó de cuajo a muchos de nosotros y hoy andamos más de 7 millones por el mundo.

Y volví al origen, volví a España, siempre sentida tan cerca y tan lejos. Otra vez con un pie en el Caribe y un pie en Europa. Decía mi tía Lola, una sabe donde nace, pero no dónde muere. Estoy donde nací. No sé si me tocará morir aquí.

María del Pilar Patiño Peña

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