Desde la distancia, pero siempre presente

Querida, Venezuela

Lo siento, te quiero, te extraño y gracias. Tal vez en esta carta no logro condensar todo lo que hemos vivido y por eso siento la necesidad de dejar claros los mensajes principales que te quiero dar, en especial porque reflexionar sobre nuestra relación es también abrir una puerta al pasado continuo y que aún no veo con objetividad, es dar pie a un soliloquio nostálgico de tantas cosas vividas.

He crecido escuchando los mejores y peores adjetivos con tu nombre, Venezuela. Y la verdad, los extremos nunca son el todo, no son los absolutos que quisiéramos creer para facilitar nuestra posición ante la vida. Tú vives en la complejidad de visiones dicotómicas, llena de matices como tu historia y tu gente. Si me preguntas a mí, la mejor explicación que puedo dar sobre ti es que has sido malquerida por mucho tiempo.

Quienes te han manejado dicen que te quieren, hablan de cómo puedes crecer y convertirte en tu mejor versión, pero sus acciones muestran lo contrario, no es un amor que nutre y te empodera, Venezuela, sino uno egoísta y mezquino, que siempre que te ve piensa en qué puede obtener de ti.

Y tú, como buena madre patria, aún provees recursos naturales y humanos. Al ser generosa estás expuesta a los abusos y al dar sin condiciones, padeces más ultrajes.

Lo siento, he pasado gran parte de mi vida pensando cómo te veo, cómo quiero verte, cómo te ayudo a construir y aún no tengo respuestas definitivas; tal vez por eso me alejé, necesitaba perspectiva. Tu última relación te ha desvirtuado tanto y ha impactado nuestra dinámica con tanta toxicidad que ya me costaba vernos claramente, más aún seguir aferrándome a las partes nobles de ti en medio del caos.

Y es que sí, contigo desarrollaba resiliencia y tenía aprendizajes importantes, pero quienes te manejan han creado un ambiente donde germina desesperanza, decepción, frustración y cinismo. ¡Y qué difícil es tratar de aferrarte a lo positivo cuando sientes un desasosiego colectivo! Sobre todo, porque siempre te he asociado con los colores saturados y radiantes de tus paisajes, con las carcajadas o sonrisas de extraños y allegados, con un sonsonete que siempre lleva ritmo y melodía. Pero ya esas partes bonitas no eran tan visibles, tanta oscuridad me hacía olvidar tu luz, tanta crisis cambió los semblantes a mi alrededor y los silencios aumentaban para no mencionar las heridas.

Por eso tuve que irme, ya era necesario romper el ciclo de abusos y el único cambio que podía realizar empezaba por mí. Pero tranquila, como los grandes amores, el nuestro transciende el espacio y tiempo, tú siempre serás parte de mí y yo siempre te representaré a ti.

Siendo sincera, lo más probable es que yo te extrañe más a ti que tú a mí. Cómo deseo la calidez de tu clima en los días de invierno y las partes de mí que dejé allá. Incluso debo admitir que aun cuando vivía contigo, extrañaba cosas de ti, como esas celebraciones navideñas donde estaban todos (antes de las crisis). Pero sé que, como buena madre, sabes que los hijos deben crecer y a veces eso requiere distancia.

Y ese crecimiento será la clave para entender mejor cómo nos quiero ver en el futuro. Verás, para mí la mejor versión nunca es en comparación a otros, yo no necesito que seas otro país o que superes a otra nación, pero sí que retomemos y construyamos la mejor versión de ti, de nosotros. Que el amor que dicen expresar hacia a ti sea para verte crecer y prosperar por generaciones, para seguir siendo albergue a muchos y darles tu mejor cara. Para volver a ser feliz, Venezuela.

A pesar de todo, siempre te agradezco, por darme las bases de mi identidad, los días soleados, mis seres queridos y enseñarme sobre resiliencia y adaptabilidad, hay tantas enseñanzas en tus buenos momentos y en tus crisis que, ahora que estoy lejos, puedo darme el tiempo de observarlas, analizarlas, sopesarlas y procesarlas para escribirte esta carta. Gracias por enseñarme a encontrar lo positivo incluso en las circunstancias más adversas, por mostrarme que siempre se puede seguir adelante.

Entiendo que, entre todos los problemas del mundo como conflictos armados, ya tu situación no parezca tan grave, pero siempre estaré pendiente de ti, tratando de ser tu mejor versión, trabajando en sanarnos y quererte de la mejor manera.

Te quiero. Siempre tu hija, Nela

PD: Ahora estoy en España, la madre patria de tu historia, y es reencontrarse con una parte de tu pasado, trazar los pasos de tus inicios y entender mucho más de quién eres y cómo has llegado a ser.

PPD: Elijo creer que nos volveremos a encontrar y en mejores condiciones que cuando me fui.

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