Esperanza

                                                                                                 Vigo, 29 de octubre del 2023

Esperanza:

Sí, sabíamos que este momento llegaría. Ahora que las lluvias repiten día tras día, he tenido que permanecer más tiempo en casa y vernos de frente…

 Aprovecho la oscuridad para delinear rasgos, lo poco que puedo ver de tu rostro –siempre con esa irrenunciable sonrisa–, hecho inevitable que me permite compartir contigo el coctel de emociones que, una y otra vez, bebo con sedienta tristeza:

El 21 de mayo, apenas sentada en el puesto que me correspondió en el avión, rodando por la pista, enfilada su nariz hacia las nubes altas, sentí que se resquebrajaba hasta el alma. La presión en el pecho fue in crescendo; lo que estaba quedando atrás –toda una vida –, había dejado un hoyo grande, profundo, en la psiquis y en el corazón. Cuando tomé la decisión de guardar en la maleta lo imprescindible, entendí que el alma no pesa 21 gramos, son 23 kg completicos. Y entonces, entendí también que el recomenzar sería un pan duro mojadito con café. Pues, ese aroma habría de acariciarme todas las mañanas, calentando la fría nostalgia.

 Todo pasó tan rápido… las primeras horas de la llegada: migración, maletas y el familiar lejano que me esperaba. Sabes como soy… quería llegar de una vez al destino escogido, por lo que no hubo intereses turísticos en los dos días que estuve en Madrid. Inclusive, utilizar la ‘’lombriz’’ metálica, eléctrica, la novedad, distrajo la conciencia del momento y elevó el estado del sentir.

No imaginaba que pronto comenzaría la añoranza de la familia, la mascota consentida, las playas, el aguacate, las tajadas fritas, el queso llanero rallado, la imagen del país –aunque ya no sea el mismo.

Vigo me dio la bienvenida. Ofreció el sabor de esos recuerdos en su gente. Esa gran porción de tierra frente a la ría, el vigués con sus costumbres se me hizo familiar. Recordé que los venezolanos éramos así de alegres, amables, el buen comer, compartir unas cañas el viernes por la tarde con los amigos; y ese tener siempre en el calendario un motivo para celebrar.

Como las aguas turbulentas que van encontrando la tranquilidad con los días, caer en cuenta que estás sola, separada de los quereres por decisión propia, comenzó a pesar. No tuve el valor ni la razón para sacarte en cara la responsabilidad de lo que sentía; nada agradable, por cierto.

La incertidumbre que se vive en Venezuela me acompaña aún en esta ciudad; por las rúas que suben y bajan, como mis ánimos.

Ya no eres lo que fuiste, te lo dicen todos; ha quedado de ti, una hoja en blanco que debe llenarse con lentitud, paciencia y serenidad. Más tengo de comodín, un mantra sanador; repito con obstinada rebeldía, a mí misma, cuando lo requiero, que, aunque no valgan estudios, trabajos, experiencia, nadie podrá quitarme lo bailado.

Amiga, si antes era miedo a la delincuencia, a que el Metro se detuviera por horas en algún túnel cuando iba al centro, o enfermar y tener que acudir al servicio público; ahora, es el miedo a que mi mamá muera estando aquí, no poder apoyarlos, no volver a abrazarlos, que los sueños no se hagan realidad. El miedo parece estar allí siempre, en sus diferentes formas; nos queda aprovecharlo para la acción y no para la autocompasión. Lo que en sí quiero decirte es que mucho de aquello que me hizo salir de Venezuela, me sigue rondando como fantasmas al acecho, con diferente faz.

Todo lo que te he comentado forma parte del proceso de adaptación, es la mi verdad; lo acepto porque hay que salir adelante. Cuando eso suceda, cuando no sienta dolor agudo en el pecho, cuando pueda respirar sin sentir la ansiedad, sabré que he triunfado sobre aquellos empecinados en destruir a un pueblo, a un país.

Con la lluvia y el frío, vienen las fechas más difíciles; es cuando tus ojos y sonrisa suelen brillar más. Este año y los próximos la nostalgia, la tranquilidad que te sientan bien, llenará a todos los que en tí piensan. Será la prueba más importante… hallacas, uvas, regalos, cánticos navideños, son parte del antiguo decorado, el de muy atrás. Más, se notará lo lejano que están el beso dado con amor y alegría, el abrazo de fin de año. Son los momentos donde todos te pensarán, y puede que se pregunten por qué te dejaron partir.

Elpis, Spes, Esperanza, como quieras llamarte, nunca te vayas; adereza esta nueva vida sin certezas, con ausencias. Alégrame las mañanas con un ramillete de flores iris. Déjalas en mi ventana; sabré que la traviesa geniecilla está haciendo de las suyas para no dejarme decaer.

¡Flores o buenas noticias…nada mejor para el espíritu alegrar!  Se siempre el puente para superar tantos kilómetros, y mantenerme unida al país, a la querencia, sabores y emociones. 

 Amiga querida, confidente, te regalo estas líneas. Espero que las leas pronto y de la misma manera, me contestes. Dame fuerza, se fiel hasta mi regreso a lo que pienso perdido; aunque en realidad, en el tiempo está suspendido.

 La vida es un círculo, es el presente retornando siempre a sus orígenes… El anhelo de todo ser humano, regresar a la fuente que lo originó.

Recibe un gran abrazo, eterna acompañante.

M.R.A.

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