Gracias, perdóname, te perdono

Hola, tú.

Bueno, aquí estamos ¿por dónde empiezo? Ummm vale, comenzaré por el principio, más bien comenzaré por lo que me ha movido a escribirte después de tantos años y por qué no decirlo, después de tantos años de ignorarte.

Para que te voy a engañar, lo hago por mí, por mi salud mental.

No sé si lo sabes, pero desde hace algunos años voy a terapia y creo que todos deberíamos hacerlo alguna vez. Resulta sanador conocerse y reconocerse cada día un poco más.

Durante la terapia he hablado de ti y de la relación tan complicada que hemos tenido.

Esa relación de amor-odio en la que sólo sientes odio, hasta que entiendes o comprendes que no es odio, es solo dolor. Dolor que proviene del amor, pero se manifiesta en odio. No sé si me explico, pero no es relevante, el punto es que mi terapeuta dice que me hará bien escribirte una carta de cierre.

¿Y qué es una carta de cierre? Te estarás preguntado y es una muy buena pregunta.

Una carta de cierre es como una especie de carta terapéutica en la que debo agradecerte, ofrecerte mis más sinceras y profundas disculpas y perdonarte.

Parece fácil, ¿no es así?

Gracias, perdóname, te perdono. Vamos allá.

Como bien sabes nunca nos llevamos bien o al menos esa fue siempre mi visión y tengo un buen argumento.

Verás, he hablado con cientos de personas, leído igual cantidad de artículos y visto otros cientos de vídeos en los que muchos de los protagonistas de estas historias expresan su amor hacia ti y agradecen los muy buenos momentos que vivieron cuando vivían en ti.

 Sin embargo, yo no viví eso contigo.

 ¿Por qué yo no viví eso?, o más bien ¿Por qué yo no vivo eso contigo? Solía preguntarme.

Cuando vivía en ti mi vida no fue bonita.  

Lo sé, sé que busco culpables fuera. Es muy fácil culpar a los demás, lo sé.

Buscar responsabilidades en el exterior y no en el interior es nuestro deporte nacional, pero que es aplicable en varios países del mundo.

Afortunadamente, en este momento también sé que todo el rechazo, las humillaciones, las vejaciones que tanto me afectaron a lo largo de mi vida contigo las pude haber enfrentado mejor, sólo dependía de mí.

¡Sentí mucha rabia! -que sanador es poder decirte esto-

Había mucha rabia dentro de mí. Una rabia tan pero tan grande que me hacía sufrir y padecer. Ese sentimiento dominó mi vida durante años y años y más años.

Nada me parecía bien o suficiente. Todo me parecía mediocre, malo o injusto, y siempre estaba a la espera de que el mundo me compensara, porque según mi pensar la vida me debía y vaya que me debía.

Fue una época bastante complicada.

De la ira pasaba a autocompadecerme, de odiarme a odiar a todas las personas, al universo a Dios, etc. Hubo temporadas en las que odiaba a Dios y otras en las que estaba segura de que no existía. Podía llegar a asegurar que simplemente odiaba al mundo.

Pero a quien más odiaba era a ti.

Lo siento, lamento mucho haberte hecho responsable de lo que me pasó, tu simplemente me ofreciste tu ser para que viviera en él. Lamento mucho haber sentido tanto, pero tanto odio hacia ti y también lamento haber sentido tanto, pero tanto odio hacia todo.

Hoy, después de toda una vida de ira e infelicidad puedo decir que soy feliz.

Soy la feliz madre de un ser de luz maravilloso y a quien amo con todo mi corazón, además tengo trabajo, salud y muy buenos amigos. Hoy a mis 44 años y con la distancia como aliada, ahora en la madre tierra, ahora en casa de tu madre, he logrado ver, después de mucho trabajo, que la rabia no era rabia, la rabia, esa ira no era más que dolor.

Me sentía herida, opaca, dañada, rota y todo este lastre emocional hizo que no pudiera ver lo bonito, es decir, esa parte bonita que la gran mayoría de tus hijos si vio, esa parte bonita que aun estando en la distancia les hace ver un juego de béisbol, comerse unos perros calientes con cebolla o una parrilla con las panas, o ir a bailar salsa en un un garito latino tan solo para sentirse en casa.

Aún no he llegado a buscarte de esa manera y quizás nunca lo haga, pero a lo que si he llegado es a buscar dentro y no fuera, intento mirar mis sentimientos, mis sensaciones, mis pensamientos, intento cada día hacer las paces conmigo, con el mundo y contigo.

No es fácil, pero lo intento cada día.

Lo intento y siento que cada día logro dar un pasito hacia adelante, aunque a veces retrocedo. Rectifico y lo sigo intentado porque sé que no es nada fácil emerger del fondo en el que había decidido sumergirme.

Si me preguntaras cómo estoy, te diría que a veces aparece la rabia, pero ahora la miro directo a los ojos y logro que no crezca. Por el contrario logro que vaya disminuyendo.

Jamás me había sentido tan bien y ahora sé que soy perfecta tal y como soy.

En realidad, todas las personas son perfectas tal y como son, es decir, con sus demonios y virtudes, lo cual hace que no me tome nada de manera personal.

Ya no veo lo que me falta y sólo disfruto lo que tengo.

Tengo las manos abiertas para recibir lo que vendrá, la nueva enseñanza o el nuevo regalo.

No te perdono preciosa mía, no has hecho nada, sólo has estado allí.

Que Dios te bendiga Venezuela mía, Que Dios te bendiga, España mía.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *