Grito recóndito

por: Gladys Del Rosario

Madrid, 10 de octubre de 2023

Mi querida amiga.

Perdona este gastado saludo de introducción. De verdad, hubiera preferido no molestarte para decirte pazguatadas, como bien expresaría la sabiduría popular que contienes. Sé que tú lo intuyes, pero a pesar de ello, quiero yo misma, hablarte de mis Sentimientos encontrados; tengo que decirte que me siento un poco avergonzada por mi pretendida actitud de rechazo hacia ti, tengo que explicarte que, si me dieran la oportunidad de regresar a tu vida en este momento, la rechazaría. Te advierto, que no es mi intención clavarte este puñal cara a cara, aunque me juzguen así.

No pude rescatarte de ese presidio, de tu secuestro absurdo… La imagen que se genera en mí, es como si tú te encontraras en una mazmorra llena de inmundicia, de podredumbre y estuvieras desprovista de todo, saqueada y torturada. Sucedió entonces, que no logré hacerte compañía en ese encierro, no conseguí continuar sufriendo tu sufrimiento que era el mío propio, quedándome junto a ti. Tuve que irme, sorprendiéndome a mí misma, porque había soñado y asegurado que durante toda mi vida seguirías siendo mi hogar de manera perenne.

Como te decía, este viaje fue una decisión que tomé, cuando descubrí que ya no podía sostenerme en ti. Mi vida y la de los míos cayó sobre un remolino inesperado y sin fin, junto a todos los otros dolientes, mientras no terminábamos de saber por qué estaba ocurriendo todo eso. Lo que creíamos, lo que visionábamos como nuestra vida con futuro, estaba haciéndose añicos en nuestro presente: surgían de la nada el adelgazamiento veloz, sin propósito, el aspecto pálido, curtido y rugoso en todas las personas que “minutos” atrás lucían bien. ¿Sería tanto agotamiento por andar día a día, tratando de obtener mendrugos? Sobrevino la miseria en un país ataviado de tesoros, muy, muy próspero como lo eres tú. No fue tu culpa, nunca fue tu culpa.

No me siento ni cobarde ni malvada, soy tan venezolana como todos los que nacimos y vivimos de tu suelo, sí, me siento orgullosa de ti y siempre lo estaré. Tus secuestradores algún día te liberarán, o por la fuerza, o porque ya no les queda otro remedio.

Te han hecho mucho daño. Participé para rescatarte, junto a millones de mis compatriotas, de las maneras legales y constitucionales. Pero es que los gobiernos se hacen de la constitución y de las leyes como a ellos les conviene, sobre todo a los más descarados, esos que no tienen en su faz ni un ápice de vergüenza, sino que, al contrario, juegan con ella y te la lanzan a la cara. Vulgarizaron tu nombre, tus símbolos, tu himno como si fuera solo de ellos, una pelota que patean, en lugar de honrar las insignias que nos representan ante el mundo. Este mundo, donde a cada uno, en algún momento, la crueldad toca a su puerta. Cuando te tocó a ti, nos arrasó una avalancha épica porque somos parte de ti, como aquella vaguada voraz que una vez se comió a La Guaira, salpicando a todos sus habitantes por sitios distintos de tu geografía. Años más tarde, desde tu corazón, como si lo de La Guaira hubiera sido un oscuro presagio, surge tu propia tragedia, esa vorágine que nos lanzó a millones de tus hijos por el mundo: este éxodo del que soy parte, una diáspora de grandes proporciones que todavía continúa. Los mártires, algunos muy jóvenes, que han perecido y derramado su sangre por ti, como corderos al sacrificio, han caído de un lado y del otro, no para fortalecer la falange derecha o izquierda, sino para henchir de pseudo triunfo el poder insaciable de ambas, que destruye y condena sin ver la vida y la sangre que se derrama entre sus manos, sin piedad ni temor. No quieren ni bien ni paz, solo países desgraciados, países en guerra.

Yo me vine a Madrid, España, aunque lo sabías, quiero decírtelo en estas letras porque es mi verdad. Nuestras necesidades básicas han sido satisfechas y es posible buscar y encontrar una forma de vivir con sosiego, pero hay que “currárselo” como dicen aquí, hay que trabajarlo duro. Era lo que tenía a mano por ser hija de españoles. Mi abuelo materno hizo lo mismo hace 65 años; abandonó España para buscar una mejor vida en Venezuela. No puedo quejarme, te soy sincera, mi espíritu me forzó a ser una inmigrante, fue cuestión de supervivencia.

Quiero que sepas que estoy contigo en España y a donde vaya. Estás grabada en mí, nací en ti y eso no se borra jamás. Yo sé que llegará la fecha y la hora en las que todos tus hijos, aun en la distancia, planeen de nuevo vivir y regocijarse con tu cercanía, empaparse de tu jolgorio y tu alegría, tus sabores y tu paisaje de belleza indescriptible. Ese día y hora en que todo lo que la naturaleza ha puesto en ti, sea recuperado, valorado y bendecido. Tu vuelta renovada y luminosa a regir en la vida de los venezolanos, los que se quedaron y los que se dispersaron por el mundo. Espero con mi alma volver a ti, aunque sea un momento. Bendita seas por siempre mi amada patria, mi profunda Venezuela.

Recibe todo mi amor, siempre tuya,

Say Dalig.

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