Más de 23 años papá

papá

Valencia – España. Octubre de 2023

Viejo,

Cuánto tiempo sin hablarte, salvo en pensamientos, desde aquel fatídico día hace más de 23 años. El día que mi vida dio una profunda vuelta de tuerca, la primera en la lista de motivos que me llevan a escribirte desde tan lejos.

Ese día recibí la peor llamada que he atendido en mi vida. Al otro lado de la línea escuché: “mataron a tu papá, vente para Caracas”. Quedé helado, por segundos no reaccioné. En breve me moví como autómata. Me fui al aeropuerto, esperé lo que parecieron años, cada minuto se hacía eterno, hasta que subí al primer avión: Ciudad Guayana-Maiquetía.

Llegué y ya no estabas. No pude abrazarte, no me pude despedir, no te escuché más… Ese silencio me acompaña a diario, cada vez que necesito tu consejo, tu voz. La sensación de vacío me desbordó, lloré; dejé de llorar y volvieron a caer muchas lágrimas. Mi mente y mi cuerpo dejaron de sentir por horas, por días.

La maldad se hizo presente en nuestra historia arrebatándome tu presencia antes de tiempo, arrebatándote el disfrutar de tus nietos; nos privó de compartir miles de conversaciones, hablar de lo bueno y lo malo de la vida, de recuerdos y crianza, de reproches y perdones, de corazones y de amor.

Te arrebataron la vida luchando, defendiendo a mi abuela. ¡Héroe! Luchaste solo, contra tres mal nacidos. Se encontraron con un toro bravo, inmenso, solo te detuvo un arma y una maldita bala.

En esos días los sedantes abundaron en mi sistema. Un desfile interminable de gente se acercó para abrazarme, sinceras intenciones de tanta gente que te quería. Días perdidos en mi memoria. El mayor dolor que he sentido, un vacío que nunca se llenará.

Estuve sumido en un dolor profundo que no desaparece, que se transforma, que se adapta y queda allí. Un dolor egoísta, quisiera que no hubiera sucedido, que pudiera tenerte, aunque sea a una llamada de distancia.

Viejo, este año cumpliré medio cupón, como tú decías; en poco tendré la edad en la que se detuvo tu calendario.

Estoy orgulloso de ti, por quién fuiste y por quién soy. Sé que estás conmigo, en las vivencias, en la educación que me diste, en las historias, en los recuerdos. Recordar significa volver a pasar por el corazón… por eso te dedico un fragmento de poesía de Essaú:

Recordar es vivir en la magia del pasado
y la vida es recordar esos instantes
de ese mundo que quedó en el pensamiento
y revive con el paso de los años”.

En este tiempo han pasado muchas cosas, algunas marcaron profundos hitos en mi camino, dejando huellas imborrables: Viví en la tierra de volcanes que te vio nacer, Nicaragua; vi migrar a mis hermanos y a mamá; yo migré una segunda vez, a España.

Antes de salir de Venezuela, me divorcié y me casé de nuevo con una maravillosa mujer y excelente madre, ella brilla como la estrella más reluciente del firmamento, enfrenta cada día con coraje. Es belleza y brío. Sé que te sentirías orgulloso de saberla mamá de tus nietos.

Lo digo en plural, junto a ella llegó un hijo de sólo cinco añitos que me robó el corazón. Hoy todo un galán de 15 años, alto y bueno como el pan, amoroso e inteligente. Con una vena artística que brota fácilmente en sus dibujos. Tiene destreza en cualquier instrumento, percusión, guitarra, flauta o teclado; le gusta el fútbol y el baloncesto.

Y lo que me ha marcado más hondo, hace poco más de 8 años, nació un pequeño Ángel que me llama papá y me llena de alegrías con su risa incontrolable y alegre, su mirada dulce, con su absoluta bondad e inocencia. Esa personita que se hace cada vez más grande y no para de hablar, como tú y como yo. Personifica el amor más puro y absoluto que puede sentir mi corazón. Está alto, crece intentando alcanzar el tamaño de su gigante corazón, inteligente, despierto, hábil, súper independiente, cariñoso, amable, juguetón, amoroso y mil adjetivos más.

¿Sabes? se parece muchísimo a ti y sé que no podrías alejarte de él. 

Me hacen sentir más humano, me impulsan a ser mejor, a alcanzar mis sueños con más pasión, honor y honradez, como tú me inculcaste. Como tú lo hiciste con ejemplo, dejando un camino marcado.

Papá, tú eres lo más importante que me arrebató una violenta patria. Fue correcta la decisión de emigrar y salir de la vorágine que me succionaba el alma entre inseguridad y desasosiego. Hoy puedo mirar atrás y respirar profundamente; puedo trabajar en unir los puntos de sutura en la herida abierta que dejó nuestra tierra en mi corazón.

Mientras se afianza una dictadura que llevó a millones a emigrar; mientras en el mundo corre sangre y estallan bombas; mientras se premia la ignorancia y la mediocridad, frente a la cultura y la meritocracia; le doy gracias a Dios por haberte tenido como ejemplo de trabajo y constancia. Tengo una fe incólume en que seré buena guía en el camino de mis hijos, con la conciencia tranquila como hombre de familia y como ejemplo, en cultura y virtud.

Gracias papá, te amo.

Bendición.

Tu hijo sándwich, José Angel

Más de 23 años papá comentarios en «3»

  1. Dios mío, lo tuve que leer por partes porque cada párrafo me agüaba los ojos y no podía dejar de imaginarme ese terrible momento por el que yo pasé igualmente. Pero pienso igual que tú, lo que pasa es que yo no sé decir las cosas tan bonitas y tan bien hilvanadas en un escrito, solo mi corazón sabe lo que se siente y ese legado de trabajo y constancia, locura y amor por la vida ahí está plenamente inculcandoselo a mis hijos.

  2. José Ángel, has plasmado con gran sentimiento en estas hermosas líneas el dolor de quienes hemos perdido a ese ser maravilloso y eterno: a un gran padre, un ser único. Abrazos

  3. Sentí ese arrebato del que fuiste víctima, tu dolor pero también el agradecimiento que crece incontenible con la madurez. Agradecimiento por el pasado, por el presente. Lindo relato!

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