Otra oportunidad

Foto: Eduardo Calcaño

Autor: Beatriz Calcaño

Para: Quinta Orquídea, Calle El Ávila, #0212, Venezuela

Hola, 

Al fin encuentro las palabras exactas para escribirte. Las he tenido en mente, pero la tristeza me impedía ponerlas en papel. Además, sabes que soy floja para escribir. Las he pensado desde el momento en que empezó nuestra separación, en el metro, en el verano, cuando cayeron las primeras hojas de otoño.

Mi intención nunca ha sido olvidarte, sé que es imposible, creí que con el tiempo te iba a extrañar menos. Obviamente estoy equivocada. Ayer, por ejemplo, fui al Mercado de la Boquería, un mercado muy mágico lleno de colores y olores maravillosos y variados; me lo habían recomendado amigos venezolanos que ya tienen tiempo aquí.  En uno de los puestos del mercado vi unos hermosos mangos entre rojos y anaranjados, y sólo el aroma que desprendían puso tu imagen frente a mí. No pude aguantarme y compré uno, aunque como sabes mi presupuesto es limitado.

Unos amigos me dicen que deje de pensar tanto en ti, que es más fácil adaptarse si dejas la nostalgia de lado y que hay que conocer a otras personas, otros paisajes. La verdad es que Barcelona es una ciudad hermosa, llena de estilos diferentes. De repente me empeño en encontrar parecidos con partes de Caracas. A veces veo alguna callecita que me recuerda a Chacao por donde caminábamos tanto los dos. También hay una avenida que se llama La gran vía de las Cortes Catalanas y una parte de ella me recuerda a la Avenida Libertador, tantos momentos transitada.

Tampoco es que te haya idealizado porque esté lejos. Tu tienes tus defectos al igual que yo. Confieso que se nos hizo un poco insoportable estar contigo y yo tomé la iniciativa de partir.

Sucede que a veces, cuando recibo noticias tuyas o alguien que te conoce habla de ti, me pongo triste. Sin embargo, veo nuestras fotos juntos y te veo en el Ávila, en la playa frente a nuestro amado Mar Caribe de aguas cálidas y arena fina; en las montañas de Mérida; y por supuesto en Los Médanos de Coro. A veces, entre dormida y despierta repaso mentalmente tu silueta; y cómo olvidar al Obelisco de Altamira, no sólo por su elegancia sino también por las luchas que compartimos allí.

Aparte de ti, lo que más extraño son los amigos y la familia, con los que mantengo contacto por Internet y el móvil ya que muchos estamos regados por el mundo con diferentes husos horarios y climas y estaciones diferentes.

 Extraño también muchos aromas, como cuando horneaban el pan y los cachitos de jamón en la panadería de la esquina de casa, o el aroma que desprendían las hojas de plátano de las hallacas cuando las estaban cocinando. Me hace falta el bullicio y la alegría, esa manera de caminar que tenemos por allá, con ese “tumbaíto” tan sabroso.

No te preocupes por mí, yo tengo mi rutina, me gusta Barcelona, estoy estudiando catalán, aunque confieso que me cuesta “una miqueta” (quiere decir un poco en catalán, jejeje).  Voy comprendiendo poco a poco esta nueva manera de vivir, el paisaje tan distinto al verdor y ruido de Caracas, a la ausencia de flores de cayena y árboles de mango. He cambiado las arepas por ensaimadas y pan con tomate. Es maravilloso ver otra cultura y respetarla y aprender de ella.

Ha llegado la hora de despedirme, No te pongas triste, estoy segura de que tendremos otra oportunidad para seguir compartiendo.

Por lo pronto, te dedico esta carta, mi querida y entrañable ¡VENEZUELA! Para que sepas que jamás te olvido y que espero visitarte en cuanto pueda.

Te amaré siempre,

Beatriz

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