Una carta de amor y gratitud a mi padre y a mi herencia
Papá, la bendición.
Me ha costado un mundo acostumbrarme a no recibir la llamada del nueve de noviembre para felicitarme por mi cumpleaños:
-Aló ¿María? Dios te bendiga. Feliz cumpleaños. ¿Cuántos son? -30 años (con voz de compungida).
Y aquella respuesta: “Y yo, que tengo 70…” y así se conjuraba esa angustia existencial por el tema de los años.
Padre, te cuento que ni en el mejor de los sueños yo podría haber imaginado lo que ha sido mi vida en los últimos años. Y no es extraño, porque creo que eso de ser inmigrante es algo que está en la impronta familiar, en el ADN, se lleva en la sangre.
Desde 2013, que te “mudaste de barrio”, como dice el poeta Rubén Blades, mi vida dio tantas vueltas. La más trascendente, en mi opinión, se inició en enero de 2018, cuando tu nieto, Luis Eduardo, cruzó la puerta hacia la aduana en el Aeropuerto de Maiquetía, rumbo a Panamá. La agitación de 2017 y la cabeza caliente política del chico (quién lo diría), nos obligó a su padre y a mí a mandarlo a otras latitudes. En ese momento sentencié que más atrás iría yo.
Por un extraño giro de la vida, en abril de 2018 me fui a Chile; una historia de casi un año, muy buena y dura a la vez. El detonante para cambiar de latitud fue un incendio, el 8 de noviembre, un día antes de mi cumpleaños, como sabes. En esa medianoche, cuando miré el cielo estrellado y me percaté que no tenía adónde ir, te invoqué y te pedí ayuda. Y quiero que sepas que me llegó.
El 24 de enero de 2019 puse el pie en el Aeropuerto de Barajas y horas más tarde lo hizo tu nieto. En suelo madrileño fue el reencuentro.
El contacto de mi pie con esta tu tierra me hizo sentir una emoción indescriptible, me sentí en casa. Y es como me decías “una tierra grande, hermosa y con mucha calidez».
Siempre me hablabas de España, tu patria, aprendí a quererla a través de esas historias. Y el sueño que tuve en aquel septiembre de 1982, cuando contigo pisé por primera vez el suelo tinerfeño, y me dije ¡quisiera vivir en este país!, se hizo realidad.
En octubre de 2021 volví por tercera vez a Tenerife. Ha sido hermoso visitar de nuevo esta bella isla. Un torrente de emociones y recuerdos. Cuando me buscaron al Aeropuerto Reina Sofía en Tenerife Sur para llevarme al norte, y bajar esas carreteras que desembocan a Icod, afloraron imágenes de esos caminos que recorrimos juntos tiempos atrás. Fueron cinco días de felicidad total peregrinar en sus paisajes y playas. Estuve al pie de la casa donde naciste en El Empalme de Icod de Los Vinos y, entre otros parajes, visité el panteón familiar, a donde espero llevar en breve tus cenizas.
Mi asiento definitivo ha sido Madrid. ¡Vaya que sí ha sido una experiencia!. Una ciudad sin igual. Hermosa, con un contraste perfecto entre lo antiguo y lo moderno, que me ha hecho suspirar. Te cuento que ya la conozco bastante bien, hasta ayudo a otros a conseguir las direcciones, imagínate.
Madrid es como lo hablábamos, plena de turistas, lugares hermosos, fiestas, vibrante y colorida. Lástima que cuando estuvimos aquí fue poco el tiempo, te habría gustado.
Por cierto, un detalle maravilloso, mamá está aquí. Llegó el 19 de octubre de 2022, ya hace un año exacto. Se vino cargada de las historias que estaban en Caracas y se trajo tus cenizas. Pronto estarás al lado de tus padres.
Todo eso me hace pensar que la vida es un círculo perfecto.
La historia empezó el 30 de septiembre de 1944 cuando con diecinueve años arribaste a Puerto Cabello, Venezuela, en el buque “Cabo de Buena Esperanza”. Allí se gestó todo, o estaba todo escrito. Recordé la historia que me contaste de la gitana que te leyó la mano en Cádiz antes de partir hacia América. Vaticinó que harías una
vida allá y que tendrías hijos. No se equivocó. El destino puso en tu camino a mi mamá, nacieron mis hermanos y yo. Y un montón de años después, en agosto de 2003, adquirí la nacionalidad española, que le transmití a mi hijo.
Sin duda, ese día estaba cambiando mi vida.
Ahora todos vivimos en la tierra que te vio nacer y desde aquí, te honro y agradezco la vida. Siempre en mi mente y corazón.
Dicen que las Almas todo lo saben en esos planos donde habitan. Ya debes saber lo que siento y lo que vivo. También que, siempre que alguien te recuerde, no morirás. Mientras yo viva, tú también lo estarás.
Bendición.
En Madrid, a los 20 días del mes de octubre de 2023
Preciosa y emotiva historia sobre la emigración de una familia, que nos demuestra que «la vida es un círculo perfecto». Tengo la certeza de que, donde esté, tu papá está acompañándote, cada día, en esta la tierra que lo vio nacer. ¡Enhorabuena!
Que historia tan bonita y sentida, tu padre te acompaña y seguro está muy orgulloso de ti.
Un abrazo
La historia.mas bonita de todas… Felicidades
Apenas vi la imagen, supe que era Icod de los Vinos. Mi pueblo materno, donde ahora vivo y crio a mis hijos. Donde mi mami vive en su tercera edad, tiene una vida distinta a la que soñó en su Venezuela, llego de 5 a la tierra de gracia y regresó con 66 a su tierra ancestral. Muy bella historia. Ojalá pronto puedas traer las cenizas al mausoleo familiar. Abrazo a todos los de ida y vuelta
Muchas gracias. Es lo que más deseo