Querida mía

Maritza querida mia

Foto Axa Milà

Mi constante tabla de salvación, mi medio de vida, de respiro, la extensión de mis ojos y una de mis formas de comunicarme.

Estuviste ahí, esperándome pacientemente hasta que llegara el momento en el que yo me decidiera a integrarte a mi vida sin pensarlo mucho, y así nos acompañamos largos años, haciendo un equipo de trabajo admirado, de esos de los que muchos se querían rodear y que otros recomendaban. Cuánto crecimos, derivando en algo cada vez mejor plasmado, llegaste a ser mi carta de presentación de la cual me sentí y me siento orgullosa, porque salías de mis venas, de mi sangre, de mis entrañas.

Tu cercanía era la cercanía de mis ojos, tu revelar aquello que obteníamos era mi ejercicio de paciencia, las luces que atrapábamos en instantes casuales eran nuestros regalos, tus luces con premeditación y detalle eran mi lugar de foco y consciencia plena. 

El resultado final de horas de intenso trabajo en el que dejábamos mirar a terceros y hasta dábamos crédito a las correcciones de aquellos a quienes consideramos maestros. Aquel lugar oscuro en el que esperábamos que se develara lo atrapado por ti a través de mí, la emoción al ver que el resultado era inmensamente parecido a lo que mi mente había dispuesto, y esas veces en las que me sorprendías con mejores resultados de lo esperado. Todo eso era mi paz, mi sitio seguro, mi mayor expresión de un yo que se entregaba por completo.

Hasta que los lugares cambiaron y una serie de eventos ajenos a nuestro andar se atravesaron en el camino, obligándome a tomar una decisión que implicaba despedidas, desapegos, dejar atrás e irme con lo que humanamente podía.

Así, como pude, te traje conmigo, pensando que en mi nuevo hogar podríamos desarrollar aquello que estaba en mi cabeza y mis intenciones, pero no hay desarrollo sin empuje, no hay empuje sin apoyos ni apalancamientos, no hay apoyo sin conexiones ni mentores cercanos, no sin aquello que tuvimos en la Caracas que vivimos. Y fuimos mermando, hasta devenir en algo esporádico, eventual, tanto que a ratos parece que volvemos a hacer equipo para que no se pierda la costumbre.

Se atravesaron países, circunstancias, condiciones de vida, obligándome a usarte como terapia cuando fuiste necesaria pero dejarte en segundo plano según cómo decidiera ocuparme de mí.

Por un tiempo me tomé la libertad de culparte como si de ti se tratase, me sentí traicionada al creer que serías mi carta de presentación, una carta digna, exitosa, versátil, amplia, sin tomar en cuenta que a nivel local todo iba de maravilla pero que, al querer exportarte, no resultó cómo nos hubiese gustado.

No lamento la decisión de haberme ido, gracias a eso soy gran parte de lo que pueda ser hoy, no obstante lamento que mi partida nos haya roto, amén de que los pedazos podamos componerlos y renacer de nuevo, porque, querida fotografía, sigo estando aquí para ti, así como tú sigues estando en mi sangre, sigo siendo una extensión para comunicarnos, más allá de espacios, ciudades, políticas, continentes. En un país que ahora también es mío, en una ciudad de la que me he apropiado, tú y yo, estamos, seguimos siendo una, aunque no siempre podamos expresarnos a la par.

Querida fotografía, siempre contigo. 

Gracias.

Te amo.

Querida mía comentarios en «4»

  1. Me encantó! Gracias por explicar ese «vuelco» que da la vida, que aparece a modo de sorpresa y desconsuelo, pero que nos va advirtiendo y enseñando acerca de algunos asuntos más trascendentales como la resiliencia y la adaptación.
    Un asunto tan difícil de explicar a otros que desconocen la experiencia. Me sentí muy identificada e imagino que seremos muchos en esta misma situación.

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