Querido abuelo,  

Querido abuelo - Cartas desde la diáspora

Madrid, 18 de octubre de 2023

Por fin me decido a escribirte. Nunca fuimos los mejores expresándonos con palabras, ni tú ni yo, aunque siempre encontramos formas tácitas para demostrarnos afecto. Dicen los venezolanos que los europeos no son demasiado expresivos, pero, aun así, siempre me hiciste sentir inmensamente querida.   

Te encargaste de ocupar el rol de padre que mi propio padre no asumió. Te ocupaste de que no faltara nada. Siento que heredé tantas cosas de ti: desde la “cara de importada” hasta tu infinita curiosidad. Me trasmitiste tus conocimientos, tus valores y tu pasión por esta tierra que hoy es mi hogar.  

Hace tanto tiempo que no hablamos… pero no hay día en que no piense en ti. España entera me hace recordarte. Aquí sigues muy presente. Te has vuelto eterno, porque se es eterno siempre que te recuerden, y yo te recuerdo cada día; hasta en los pequeños detalles cotidianos.  

Aquí te encuentro en cada rincón. Te veo en cada iaio 1 vestido con pantalón de pinzas, camisa de botones, rebeca y boina. Te escucho en cada canción de verbena, especialmente cuando suena “Que viva España”: el pasodoble que abría la pista de baile de toda celebración familiar. Tú y mi mamá convirtieron la música española en el soundtrack 2 de mi infancia.   

Pienso en ti con el aceite de oliva virgen extra, ingrediente indispensable en nuestros platos de cuchara, aunque mis amigos nunca entendieron porqué poníamos un aceite “tan caro” sobre unas lentejas o unos garbanzos. Uno siempre encuentra la manera de volver a casa, aunque sea en pequeños gestos como ese.  

Me fui de Venezuela con el corazón roto: por un amor no correspondido, por unos paisanos que me hicieron sentir ajena al lugar en que nací, por una situación insostenible de país. Me despedí de ti en vida, sabiendo que sería la última vez que te vería. Me fui con una mezcolanza de sentimientos, recuerdos dolorosos y hasta un cierto trauma. Pero no caí en cuenta de que te traía conmigo y de que siempre estarías a mi lado. En realidad, venía a cerrar un círculo migratorio centenario. Volvía a nuestra otra casa.  

Venir aquí fue reconfortante. Sentí Madrid como mi hogar desde el primer momento. Llegar a España y escuchar palabras como gafas o calcetines me resultaba familiar. La música, la gastronomía, la forma de ver la vida. Era como estar contigo. Aquí me sentí cerca de ti, aun estando tan lejos.   

Fui a nuestros orígenes en Cataluña, en L’Alt Penedès. Comí melocotones de Sant Pau d’Ordal y me vi comiendo mandarinas en el patio contigo. Visité la masia 3 familiar y me retraté en el histórico cartel de la heretat 4. Ese lugar del que tanto me hablaste, que vi por primera vez ilustrado en el libro familiar que explica nuestro árbol genealógico. He vuelto a la escola 5 para estudiar catalán formalmente. En cada clase pienso en ti, en nuestra historia y en las palabras de Rufino Cuervo Urisarri: “Nada, en nuestro sentir, simboliza tan cumplidamente a la patria como la lengua”.  

Desayuné en la viña de La Milana, entre las parras con las que se produce el vino que tomábamos cada Navidad. Aquí en casa siempre tengo una botella, tal como la tenías tú en Caracas: una tradición que traje conmigo. También le envié una a mi mamá. En la masía hicimos barbacoa de botifarra i llonganiza 6, y te recordé en las parrillas de domingo de lomito, yuca y guasacaca.   

Caminé entre los viñedos de nuestra casa y escuché parte de nuestra historia en relatos de los propios vecinos. Vi a los niños disfrutar del campo, libres y sin miedo, y me pregunté qué habría pasado si hubiera nacido aquí, en la masía. Fantasear con ucronías se ha convertido en un pasatiempo recurrente gracias a mi amigo Alfonzo: un buen muchacho ítalo-venezolano que seguro te caería bien.  

Me aconsejaste casarme con alguien de origen europeo, alguien “como nosotros, con los mismos valores y costumbres” decías. Tanto que lo dijiste y yo no lo entendía… Pero ahora lo veo claro. Lo veo en cada venezolano que busca en quien reconocerse y refugiarse. Ahora entiendo que buscar a alguien que pueda compartir valores y entenderte te reconforta; te hace sentir en casa y acompañado. Seguí tu consejo con mi pareja y también con mis amigos.  

En casa preparo arepas rellenas de queso tetilla y jamón ibérico. Veo el telediario de Antena3 cada tarde, como hacíamos juntos. Cuando mi pareja sintoniza La Ruleta de la Suerte me dice “empieza el programa de tus abuelos”.  Siempre me sentí española, pero curiosamente he tenido que venir a España para volver a sentirme venezolana y hacer las paces con el país.  

Yo siento que emigré por deseo, no por obligación. Siempre quise venirme. Siempre he estado feliz con mi decisión. Aun así, no escapé al síndrome del migrante. Viví mi duelo migratorio y viví también mi duelo por tu muerte. Me adapté a la nueva situación y, en vez de llorar tu partida, decidí celebrar tu presencia en cada pequeña acción. Convertí esa pena y esa pérdida total en ganancia, recuerdos alegres y agradecimiento diario.  

Han pasado 15 años desde que nos despedimos en Caracas. Hoy, sólo quiero decirte gracias. Gracias por enseñarme tus valores. Gracias por ser orgullo y ejemplo. Gracias por transmitirme este amor por España y Cataluña y por darme un segundo hogar del otro lado del Atlántico. ¡Que viva España y que también visca Catalunya 7! Ambas. Juntas. Gracias por todo lo que hiciste por mí en vida y por todo lo que has dejado en mí después de tu partida. Moltes gràcies per tot 8. Tu recuerdo me acompaña en este camino, a veces solitario, de la migración. Tu recuerdo siempre me reconforta.  

T’estimo molt. Amb amor infinit, la teva néta, 9  

Calola  

  • 1 Yayo, abuelo.  
  • 2 Banda sonora.  
  • 3 Casa de campo típica de Cataluña.  
  • 4 Heredad: Terreno perteneciente a un mismo dueño, que es el legado tradicional de una familia.   
  • 5 Escuela. 
  • 6 Butifarra y longaniza: Embutidos frescos típicos de Cataluña.  
  • 7 ¡Viva Cataluña! 
  • 8 Muchas gracias por todo.  
  • 9 Te quiero mucho. Con amor infinito, tu nieta.  

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