Espero que en ese espacio del tiempo detenido te encuentres bien, creo que en ese lugar donde los recuerdos permanecen inmóviles estarás bien porque si aun estas allí́ en medio de vivencias pasadas, es porque aun no las he desechado, y si no me he desecho de ellas es porque algo bonito han de tener.
Allí en medio de 28 años de vivencias te he dejado. Veintiochos años con olor a guayaba y mango, con sabor y aroma a café guayoyo y con muchos, muchos colores. Recuerdos a través del olor a mi mamá y a mi papá, a mis hermanos y amigos, y todas las buenas personas que allí me han acompañado, a través de sus caricias y en todos trato de conservar la imagen de su sonrisa.
Te envío esta carta ahora desde Madrid, hoy es un típico día de otoño, gris, húmedo y con árboles semi desnudos, debí escribirte antes, cuando estaba sentado frente al Duomo de Milán o en el Vredespaleis de La Haya, pero el tiempo no lo encontré y por ello te pido disculpas. Esta carta llegará sin duda a Coro, ciudad donde nací, pero te pido que la lleves a Valencia, allí crecí, en las paredes de mi casa quedaron atrapadas las historias de la última etapa de mi niñez y mi adolescencia y, en especial, de mi vida junto a mi padre, ahora que no está esos recuerdos adquieren, como la obra de un artista tas fallecer, un valor inconmensurable.
Cuando vayas a Valencia me ¿Sigue desbordándose el Cabriales tras la lluvia?, ¿qué tal el tamarindo frente a casa?, yo por mi parte he cambiado los tamarindos y los mangos por manzanas, duraznos y kiwis, aunque cada vez más se encuentra uno de todo y también es más común escuchar un “chamo” en medio de varios “tío” pero los sabores nunca son los mismo cuando en el entorno no hay cujíes, araguaneyes o samanes sino robles, pinos y plátanos, pero no me quejo.
La verdad es que me resulta extraño que hablemos poco, siempre te tengo presente, aunque he modificado mi acento, no por vergüenza (allá sería por pena), si dijese aquí que lo he modificado por pena se creerían otra cosa, cosas del idioma, seguro que me entiendes. ¿sabes una cosa? No voy a negar que te extraño, ya son 7 años sin reencontrarnos, aun debes estar en medio de las muchas cosas, fotos, lugares donde estuvimos, de seguro tendrás tanto que contarme como yo a ti. Cuando vaya te llevaré mi DNI y nos reiremos juntos al comparar las fotos con la de mi cédula, te enseñaré a hacer paella y pasta boloñesa y tú me recordarás el sabor de la cachapa o la arepa pelada con natilla.
Quisiera recogerte en algún punto, y que me digas donde comernos unas ricas empanadas, recuerdo que en el mercado de Chacao solían hacerlas muy buenas. Me gustaría sobre todo que podamos recorrer juntos los lugares donde alguna vez estuve, desde la plaza el venezolano pasando por la casa de Bolívar para llegar al Panteón o subir al teleférico, recordar la intensidad del verde de las plantas, el verde de las plantas no es igual que aquí, ojalá podamos transitar por la cota mil, es curioso porque hasta que vine aquí no caí en cuenta que mil metros es altura.
También quiero que vayamos juntos al Parque Fernando Peñalver, un domingo, lo he cambiado por paseos esporádicos por el parque del Buen Retiro, este tiene sin duda más historia y es mas antiguo que el Fernando Peñalver, pero me ayuda a desconectar del ruido y el frenesí urbano.
En España a diferencia de Venezuela, por distintos motivos que luego te contaré, las ciudades crecieron conservando su historia, su legado y ahora rentabilizan turísticamente, en Venezuela el desarrollo supuesto por la renta petrolera supuso derruir lo antiguo y sustituirlo por la modernidad. Otra forma de crecer.
No veo la hora de reencontrarnos, de darte las gracias por haberme ayudado a ser lo soy, recurro a esa historia común cuando me pierdo y siento que no puedo, me has impulsado a llegar donde estoy. Me duele haberte dejado en medio del actual caos, pero aun guardo como Pandora, la esperanza de vernos a la cara, tocarnos, reírnos y llorar juntos. Hay nostalgia en estas líneas pero no tristeza, siento un poco de miedo de que no me reconozcas o de que no estes orgulloso de mí, pero el miedo no me detiene.
Gracias por tu paciencia, por tu constante paciencia e incluso por tu oportuno silencio, a veces es mejor no decir nada cuando lo que se vaya a decir pudiera herir. Nos vemos en breve, lo sé, cuídate mucho y sigue viviendo en ese pasado que es la base y la raíz de lo que soy.
Te quiero Luis.
Luis