Todo lo que nos ha pasado

Asturias, octubre de 2023.

Querida “yo” de hace cuatro años:

Salí de Venezuela hace más de 4 años y no hay un día en el que deje de preguntarme qué habría pasado si nunca me hubiera ido. A día de hoy, cada vez que tengo un problema pienso hasta el cansancio en su causa, e inevitablemente la mayoría de las veces llego a la misma conclusión: haber emigrado.

Si bien es cierto que todo este tiempo he tenido experiencias y, sobre todo, oportunidades que en mi país nunca hubiera podido imaginar, los días en los que todo parece salir mal es inevitable pensar si estaría mejor o peor habiéndome quedado en Venezuela. Al principio, lo más duro de emigrar es darte cuenta de cómo tu vida se detiene y te quedas sola, mientras que tus amigos y familia continúan como si no te hubieras ido. Esto es así por mucho tiempo, hasta que te das cuenta de que, como los demás, también tienes que continuar como puedas con tu vida y adaptarte a todo lo nuevo que te depare el camino.

Es realmente difícil ajustarse a los cambios de clima, la nueva cultura, los husos horarios y acentos varios; pero lo que más cuesta es acostumbrarse a la soledad.

Inevitablemente pasé mucho tiempo sola, y hoy en día lo sigo haciendo. No tengo un gran círculo de amigos porque no he conseguido a personas que entiendan y compartan los mismos pensamientos e ideales que yo. Si bien es cierto que cuento con varias personas que me quieren, no he logrado sentir que encaje al 100% en ningún lugar, lo cual me es muy difícil de asumir.

Emigrar también ha sido duro para mamá y papá. En todo este proceso he tenido que ver a mamá llorar porque el dinero no alcanzaba más que para lo que estaba previsto, y a papá frustrado, haciendo muchos cursos y formaciones en los que tampoco encajaba. El invierno llegó y no teníamos capas suficientes de ropa para ponernos, y mucho menos las mantas necesarias para taparnos. Íbamos a tiendas o mercadillos y salíamos frustrados, sabiendo que no podíamos gastar allí, ya que implicaba descompletar el dinero que necesitábamos para otras cosas.

Afortunadamente la situación a día de hoy es diferente: mamá trabaja y al principio contamos con la bendición de recibir ayudas que nos ayudaron a sobrevivir. De vez en cuando podemos darnos el gusto de merendar algo fuera, nos permitimos algún pequeño viaje en familia y, por fortuna, cada año esperamos el invierno mejor equipados.

Recordar todo esto representa para mí y para mis padres una gran superación personal, ya que haber vivido tantas cosas y vernos en la actualidad nos hace darnos cuenta de que hemos podido salir adelante y que, poco a poco, estamos formando la vida y el futuro que salimos de Venezuela buscando.

Siempre estaremos agradecidos por todo: por el país que nos acogió, por las personas que han sido buenas con nosotros, por las nuevas oportunidades que han surgido, por todos aquellos momentos que hemos disfrutado y, sobre todo, por la madurez y aprendizaje que nos ha dejado el haber emigrado.

Salir de tu país es una experiencia que te marca sin importar tu edad o cuánto conocimiento creas tener sobre la vida. Comienzas a valorar más las cosas y a darle la importancia necesaria a todos los sacrificios que han hecho tantas personas para que hoy en día sea quien soy.

A pesar de que creas que la vida se acaba y que las noches llorando en la almohada nunca terminarán, algún día pasarás por cosas que te harán darte cuenta de que lo lograste. Lograste este enorme reto de rehacer tu vida, crear nuevos hábitos y sentirte agradecida por todo lo que tienes.

Así que, a ti, mi «yo» del pasado, te digo que todos los días echarás de menos tu casa, tu cama y a tus amigos; la calidez del venezolano y las navidades reunidos todos en familia. La comida, el bullicio, las palabras coloquiales, y sobre todo, el sentir que formas parte de algo. Sin embargo, pronto te darás cuenta de que todo ha valido la pena y que cada adversidad solamente te hará más fuerte. Tienes que creer en ti misma, aprovechar todas las oportunidades que se te presenten, vivir cada día al máximo y aprender de toda esta experiencia.

No puedo hacer más que mandarte un abrazo enorme y decirte desde el futuro que estés tranquila, porque afortunadamente todo nos ha salido bien.

Mi “yo” del presente,

Ana Julia Antequera Díaz

España

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