Barcelona 09/10/2023
Hace nueve años hice mi maleta junto a mí familia y decidimos irnos a otro país, para mi fueron muchos sentimientos encontrados, pues en mi mente siempre había soñado con envejecer y ver crecer a mis hijos en Venezuela donde yo había nacido y vivido los mejores años de mi vida, donde me había enamorado por primera vez y tuve tres hermosos hijos, esa tierra fue mi maestra que me enseño que de todo lo malo siempre sale algo bueno, donde disfrutaba estar con mis padres y mi hermano.
El día llegó tocaba partir, era extraño, todos estábamos en silencio como en un velorio, hasta que se asomaron las lágrimas y los abrazos. Estaba muy asustada pues no sabía qué nos iba a deparar esa decisión, este cambio suponía comenzar desde cero.
En aquel avión no pensaba en nada, con mi hijo de siete meses en brazos y el corazón arrugado, solo me decía a mí misma, que eso era lo mejor para nuestras vidas. Al llegar a Madrid sentí un frio en mi interior que recorrió todo mi cuerpo, aunque aún faltaba para legar a nuestro destino.
Al aterrizar por fin en Barcelona hubo un recibimiento muy cálido, fue cuando supe que había sido la decisión correcta. Desde ese momento mi vida cambio, comencé un duelo que me duró mucho tiempo, no sabía qué hacer con mi vida, mi cuerpo y mi mente enfermaron. Pasaron nueve años hasta que volví a mi país, yo iba con una idea que todo estaría igual, esa añoranza no cabía en mí, al aterrizar en el aeropuerto sentí una emoción, sin saber lo que encontraría y fue allí cuando tuve un extraño sentimiento de que ya nada era igual.
Todo había cambiado, aquellos niños que dejé con los que mis hijos jugaban y no veía hacía tanto tiempo, habían crecido y no los conocía, las personas estaban muy ocupadas tratando de sobrevivir. Cuando vi lo que una vez fue mi hogar, estaba tal cual lo habíamos dejado, solo que ya no existía ese calor, ya no era mío, ya no pertenecía allí, mi hogar ahora estaba a muchos kilómetros del que una vez fue en mi país, mi hogar, no sé si tendré la oportunidad de volver, pero de algo si estoy muy segura y es que siempre me sentiré venezolana porque Ia llevo en mi corazón y mi alma.
Al regresar a Barcelona yo no era la misma, algo había cambiado en mí, quizás por lo que había vivido durante esos tres meses que estuve en Venezuela. Comencé a ver las cosas desde otra perspectiva mucho más clara, convencida de que aquí el país que nos había acogido es mi hogar, donde he criado a mis hijos y les hemos dado más oportunidades de crecer como personas. De ahora en adelante no dejaré de pensar en mi tierra, eso nunca, pero ese duelo que llevaba ya pasó. Ahora es mi momento de comenzar y mirar hacia adelante por mí
Atentamente,
María Alejandra Sarria García