Una adopción, un agradecimiento y un juramento

Autor: Carmen Yuraima Iturbe

Querida España,

Esto más que una declaración de amor, es una adopción, un agradecimiento y un juramento. Como sabes mi madre es Venezuela, una dulce mujer de finos cabellos negro azabache, que entre sus brazos atesoró mis adorados recuerdos. Una madre que sobre su regazo me mostró sus amaneceres y atardeceres de mil colores, porque su paleta es infinita como la de un pintor enamorado de la belleza. Recreo en mi memoria esos momentos, como destellos o añoranzas de tiempos pasados vividos con familiares y amigos que quedaron congelados en mi memoria.

Sus dos estaciones definen su temperamento, ella es cálida y otros días fría. Con sus tersas manos moldeo por décadas mi ser, entre su brillante sol y su torrencial aguacero que perfumaba todo con olor al mastranto. 

Como ves crecí entre sus contrastes, nadé en su mar caribe, pero también corrí entre sus altas montañas siempre acariciadas por nubes y el cielo azul.  Esas montañas con pronunciadas curvas como una mujer tropical, que cubren su piel mestiza e indómita color café, siempre ataviada con vestidos de verde selva y verde sabana.

Ella, aunque lejos sabe que estoy bien y te ha cedido mi tutela, segura de que cuidaras de mi arropándome cada noche. Sabes entonces que no soy huérfana, aunque a veces así me sienta.

España, quiero que entiendas que la tuve a ella y ahora te tengo a ti, y en mi corazón caben las dos porque ambas me modelan.  He aprendido a tener una visión de este destierro que es muy valiosa, salir de casa te produce un raudal de emociones, “de todo menos olvido” por eso te hablo de ella y por eso te escribo para que sepas de dónde vengo, y porque soy un coctel de emociones que llamamos resiliencia, migración y renacimiento.

 ¡Mi querida España!, llegue a vivir contigo porque todo crecimiento y todo hijo necesita más de un tutor y más de un punto de vista en la crianza. Te elegí a ti entre muchas madres, y es una decisión acertada que tú me adoptaras, porque deseo aportarte todo cuanto soy.

Has llegado a mi vida para modelarme en esta segunda oportunidad de vida y me enseñas otros valores, cada día tienes mucho que mostrarme, es impresionante cuanto aprendo de ti, de tus hijos, tus costumbres y tu sazón mediterráneo que amplia mi paladar más allá de la arepa.

Me has enseñado a valorar el tiempo; porque en aquel lado del mundo vivía bajo otra escala de prioridades. Aquí contigo aprendí a compartirlo y a vivirlo al máximo, valorando cada segundo y te lo agradezco.

En tu casa aprendí que el “tiempo” es efímero, y se nos escurre entre los dedos muchas veces persiguiendo o materializando cosas que al final no tienen verdadero valor.   ¿Será madurez? o el sentimiento de perdida, no lo sé, pero no te quepa duda de que aprendí la lección de compartirlo con quien quiero y como quiero.

También aprendí a dejar las quejas de lado, dejar de pensar en los proyectos truncados, en la vida pasada y en los “y si yo hubiera”.

¡Qué gran maestra has sido!, otra lección que te agradezco es la humildad, tus hijos me enseñaron que los bienes materiales son solo eso, “cosas” y me hacen pensar que en mi otra piel solo quería tener cosas.  Aprendí a los golpes, pero aprendí, ahora se el valor de todo y que la gente te da a manos llenas hasta lo que no tiene. Este cambio de piel, renacimiento y renovación no estaría completo hasta tener claro lo siguiente:   lo que en la vida capitalizas no cabe en la maleta del migrante o en el ataúd del fallecido, vales por lo que eres y no por que tienes.

Siendo rica en humildad y controlando mejor mi tiempo sigo aquí, más madura y serena para conquistar nuevos espacios en tu tierra.

Sin duda eres mi otra madre y te lo agradezco, con un sol a cuatro estaciones que sirve de inspiración a mis nuevos poemas y mis nuevas canciones. Aquellos que un día deje de escribir porque había que trabajar para “tener cosas”.  Ahora he reencontrado mi pluma, y mi musa es esta adopción.

Madre, en ti encontré mucho más de lo que te pueda contar en esta carta, gracias a tu adopción tengo una vida después de las cenizas y el desarraigo, porque me has enseñado a “ser”.  Eres de donde naces y de dónde haces vida. 

He aprendido a querer tus puestas de sol y a desear tus otoños de múltiples colores. En ti encontré familia entre tus hijos, he hecho amigos, he acogido a mi propio pueblo y me gusta mucho sin haber nacido en él y encontré amor, algo con lo que no contaba y me tomo por sorpresa, pero me complementa.  Como buena madre das lo mejor de ti y te lo agradezco.

Tengo que decirte que tu belleza también me cautiva, eres mayor y con más experiencia, eres a ratos moderna y en otros tradicional. Esa combinación te hace especial, elegante y única como el traje de una chulapa madrileña y el baile de una sevillana. ¡GUAPA España!.

Para ser tu hija legitima tuve que estudiar, tu historia, lengua, costumbres y he jurado ser una buena hija, cuidar de los tuyos y lograr mi espacio en tu sociedad.

Cuentas conmigo siempre,

Tu hija, Carmen 

Una adopción, un agradecimiento y un juramento comentarios en «13»

  1. Es muy difícil expresar lo que podemos sentir , cuando salimos de nuestro País ,pero creo que tú ,con tu pluma lo has dicho todo, llega a mi corazón hasta lo más profundo por qué siento tal cual lo escribiste, eres grande y muy buena hija .

  2. Carmen , no lo había leído, hoy que tuve más tiempo mientras desayuno lo abrí y vaya que me ha gustado lo que escribiste. Me sentí paseando entre las palabras, apreciando colores y olores y hasta tratando de ver qué hay más allá de las oraciones. Waoooo que bien escrito está. Te felicito.

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