Una carta para mi madre que está lejos

Galicia, 30 de Octubre de 2023.

Querida Madre,

Finalmente pasé por el túnel que daba hacia el otro lado del mundo, tal como me habías advertido, era un túnel muy particular, con vibrantes franjas de colores cuya belleza abstracta daba la sensación de estar en una tierra distinta.

Mientras arrastraba mi maleta a través de él, todos mis sentidos se afinaron, escuchaba mi respiración acelerada, mis pupilas se dilataron para no cometer ningún error, mis fosas nasales se ampliaron para deleitarse con el último olor de tu café y se intensificó mi obsesión por asegurarme que el pasaporte estuviese conmigo.

Aún estando cuatro horas antes de mi vuelo, sentía la necesidad de llegar a mi puerta de embarque y sentarme sin moverme; perder mi vuelo era un lujo que no podía permitirme.

Sabes bien que organicé todo minuciosamente y cualquier variante podría ser una catástrofe que no podría enfrentar.

Sentada en una silla con posa brazos fríos y con mi respiración más calmada, saqué la bolsita de tres pirulines que me diste para el camino, al morder el primero tuve una epifanía en la que con esa voz firme que te caracteriza, me dijiste:  “Demuéstrale al mundo quién te parió y crió”.

Se repetía una y otra vez en mi cabeza esa frase; me llevó casi un día entero llegar a mi destino final; por lo que tuve mucho tiempo para reflexionar acerca de ella.

No me llevó el mismo tiempo entender que no podía demostrarle a nadie ni a mi misma de que estaba hecha sin descifrar auténticamente quién eras tú.

Empecé a imaginar qué diría de mi madre si alguien me preguntara por ella, lo escribí y lo comparto contigo en esta carta:

Me parió y crió Venezuela, una mujer joven de belleza infinita, de pisada fuerte, postura amplia y mirada profunda. Una mujer que ha cuidado de sus hijos e hijas como gata patas arriba.

Es una mujer resiliente que ante la adversidad siempre encontró la forma de sacarme adelante y así me crío, enseñándome que se hace lo que se tiene que hacer con los recursos que hay y que nunca se tira la toalla.

Es joven, apenas han pasado un poco más de doscientos años desde que se declaró independiente. Han sido años de procesos muy duros por los que ha tenido que pasar.

Por mi inmadurez la enjuicié duramente por el caos en el que tuvimos que vivir y en el que sigue sumergida, debo admitir que salí enojada con ella.

Pero salir de casa, me dejó claro que la vida está llena de picos y valles que nos hacen crecer formando nuestro carácter y ella no está exenta de esta realidad.

Mamá tiene un sin fin de cosas buenas y es tan buena que puede llegar a ser alcahueta, ella da todo por nosotros, tanto que muchos de sus hijos la hemos expuesto a situaciones muy fuertes. Ha sido golpeada, abusada, sometida y abandonada incluso por mí.

Por muchos años me invadía la culpa de que pensara que me iba porque no tenía nada que ofrecerme, cuando hemos sido sus hijos e hijas que hemos construido la realidad que compartimos, a veces hasta pienso que nos quedó grande.

Sin embargo, recupero la esperanza e intuyo que por alguna razón profunda que supera mi mente, las cosas pasaron exactamente como tenían que pasar.

La vida nos sacude para demostrarnos que nada es seguro y que a veces la ausencia enseña más que la presencia.

Después de identificar algunas de tus virtudes y ver desde la ventanilla tu mar azul que se hacía cada vez más lejano e imponente, me sentí realmente orgullosa de ser tu hija.

Se me infló el pecho al reconocer que tengo tu ADN, al comprender que en mi sangre llevo genes de una mujer guerrera que tiene el cuero duro de tantas cicatrices por poner la espalda en sus batallas pero que jamás se rinde.

Vi lágrimas en tus ojos al verme partir, pero me besaste la frente después de hacer una pequeña cruz en ella y soltaste ese “Dios te bendiga hija”, al que me aferro con todo mi ser.

Han pasado diez años desde que salí de casa, aún llevo tu aroma en mi piel.

He cruzado continentes, aprendido nuevos idiomas, roto barreras, he dado todo de mi y como me enseñaste no he tirado la toalla, aunque acepto que es una idea que se tongonea muchas veces por mi cabeza.

Madre, gracias por parirme y criarme, estoy demostrando que lo hiciste muy bien.

Más pronto que tarde nos volveremos a ver, nosotros, tus hijos, estamos preparándonos para volver llenos de aventuras, conocimiento, ideas para formar un nuevo hogar juntos.

Se que suena idealista y fantasioso pero el anhelo es el primer pálpito de vida de un cambio profundo.

Nos estamos viendo madre mía,

Con amor:

Tu hija H

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