25 de noviembre | Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
Hay días que no se olvidan.
No porque duelan… sino porque te cambian la estructura del alma.
Yo tenía siete años cuando entendí que la casa no siempre es hogar.
Que la infancia también tiene terremotos.
Hay días que no se borran, porque no solo duelen: te reconfiguran por dentro.
Mi vida cambió cuando descubrí que el hogar también puede ser un campo de batalla.
Y que los silencios, a veces, matan más que los golpes.
El día en que la vida me partió en dos
Tenía siete años y bailaba en un programa infantil de televisión.
Ese día me mareé y me enviaron a casa. Mi tía me dijo:
“Tus padres están allí, llegaron temprano.”
Nada me alegraba más que imaginar abrazarlos mientras veíamos tele. Pero al abrir la puerta, encontré una escena que definiría toda mi vida emocional:
Mi padre golpeaba a mi madre con un cinturón.
Ella suplicaba.
Él gritaba.
Y yo, paralizada, aprendí sin querer que:
El miedo también educa. La violencia también se hereda. Y el silencio también lastima. El amor puede confundirse con miedo, y el miedo puede disfrazarse de hogar.
Mi madre corrió hacia mí, marcada, llorando y diciendo:
“Mi amor, tranquila… todo está bien.”
Pero nada lo estaba.
Esa violencia se volvió rutina.
Y pronto también cayó sobre mí.
A los diez años ya pensaba en escapar o desaparecer.
No quería morir: quería dejar de sufrir.
Hoy, con paz en el corazón, puedo decirlo sin rabia:
Mi padre fue un niño huérfano, criado en la calle, sin herramientas afectivas.
Comprender no es justificar.
Pero sí fue mi puerta hacia la sanación.
Comprenderlo me permitió sanar.
Justificarlo, jamás.
Cómo las heridas infantiles moldean las parejas que elegimos
Cuando emigré sola a España, la soledad abrió un vacío.
Soñaba con un hogar sin gritos, sin miedo, sin violencia.
Pero cuando creces traumatizada, confundes “amor” con “intensidad”, y “tolerancia” con “estabilidad”.
Así apareció un hombre aparentemente perfecto: carismático, brillante…Esto hasta mostrar su verdadera naturaleza: un narcisista maligno.
Luego llegó otra relación. Este no es mal hombre pero si con muchas heridas del pasado, es un hombre fantástico, muy empático y como un perrito rebelde que le costaba recibir y dar amor pero que en el fondo era más tierno que un oso de peluche cuando quería.
Pero sus gritos, su indiferencia y su incapacidad para escucharme y empatizar con mi dolor me devolvían al infierno emocional que creí haber dejado atrás.
Yo lo amaba. Pero amar con miedo no es amar: es repetir tu trauma con otro nombre. Y entonces me apagué: perdí mi brillo, mi voz, mi alegría, perdí peso, perdí las ganas de vivir.
Mi ruptura definitiva: el día que la vida me obligó a renacer
Llegó un punto donde el peso emocional se volvió insoportable. Pesaba 20 kilos menos, siempre me sentía vacía y triste, las nauseas y debilidad marcaban las horas, mis piernas debido a la ansiedad se llenaron de hematomas… Y ese día —mi día cero— tomé 130 pastillas.
No por rendición. No por cobardía. Sino por agotamiento emocional.
Pero sobreviví.
Estoy viva porque la vida decidió darme otra oportunidad y mi ex fue su instrumento al llevarme a tiempo al hospital. Al revivir entendí que debía irme lo más pronto posible de allí porque debía rescatar mi esencia y esta vez no tenía nada que ver con mi padre, con mis hermanos o con ningún hombre Ese día entendí algo que cambiaría mi destino:
Yo fui mi principal agresora cuando intenté abandonarme. Y yo sería, desde entonces, mi principal protectora y lo soy.
Ese fue mi renacimiento. Brutal, pero necesario.
Violencia de género en España: datos reales que duelen
Esto no es solo mi historia. Es la historia de miles.
Datos oficiales del 2024 y 2025 en España:
- 34.684 mujeres fueron víctimas con órdenes de protección.
- Solo entre abril y junio de 2025 hubo 51.897 denuncias.
- Desde 2003 hasta noviembre de 2025, 1.333 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas.
- Andalucía, Cataluña y Comunidad Valenciana lideran los casos.
- Y 8.860 hombres fueron víctimas de violencia doméstica en 2024, aunque sus casos suelen invisibilizarse.
La violencia de género no siempre deja moratones. A veces deja ansiedad, miedo, culpa, silencio, insomnio, heridas emocionales que tardan décadas en cicatrizar.
Zonas donde se registra mayor violencia de género en España
Según estadísticas del Ministerio de Igualdad y del CGPJ, las comunidades con mayor incidencia son:
- Andalucía (la más afectada históricamente).
- Comunidad Valenciana.
- Cataluña.
- Canarias mantiene cifras preocupantes por densidad poblacional.
- Murcia y Baleares tienen una de las tasas más altas por número de habitantes.
¿Por qué?
Por una mezcla de factores:
- desigualdad histórica de género,
- baja educación emocional,
- patrones culturales arraigados,
- normalización del control,
- dependencia económica,
- silencios generacionales heredados,
- y una sociedad que enseñó por décadas que “los trapos sucios se lavan en casa”.
También hay hombres víctimas. También yo fui victimaria una vez.
Las cifras oficiales de 2024 muestran que 8.860 hombres fueron víctimas de violencia doméstica. No se habla suficiente de ellos porque el estigma pesa. Porque “un hombre no puede ser maltratado”. Porque la masculinidad aún se asocia con fortaleza invulnerable.
Y aquí está mi verdad: yo mordí a un hombre que amaba.
No porque él me golpeara —jamás lo hizo— sino porque mis traumas interpretaron sus gritos como peligro real.
Creí que me pegaría. Creí que cumpliría sus palabras dichas en caliente.
Mi mente reaccionó antes que mi razón y me dolió más a mi que a él, porque me convertí en lo que tanto detesto, violencia..
Ese día entendí que una víctima puede convertirse en agresora si no sana sus heridas. La violencia es un eco. Un reflejo. Una memoria corporal que actúa incluso sin lógica.
Por eso la responsabilidad emocional también es mía.
De mis heridas.
De mis sombras.
De mi reconstrucción.
Psicología del trauma: por qué repetimos lo que nos destruye
Sanar es posible.
Requiere:
- Terapia profunda
- Educación emocional
- Autoobservación
- Límites
- Amor propio
- Comprender el origen del dolor
- Y, sobre todo, dejar de justificar lo injustificable
La raíz emocional de la violencia de género
La violencia no empieza con el golpe.
Empieza con:
- la infancia sin abrazos,
- la adolescencia sin límites,
- el adulto sin educación emocional,
- el miedo a perder,
- la necesidad de controlar,
- la incapacidad de gestionar frustración,
- y las heridas no tratadas en terapia.
Un agresor casi siempre fue un niño invisible.
Una víctima casi siempre fue una niña que aprendió a sobrevivir.
Sanar es romper un patrón que se ha transmitido por generaciones.
Hoy soy una mujer sana, consciente y en paz
Lo digo con firmeza: Estoy bien. Psicológicamente fuerte. Emocionalmente estable. Y profundamente en paz.
No lo digo desde la autoayuda fácil. Lo digo desde el trabajo terapéutico, las madrugadas de autoconciencia, el coraje de mirarme sin filtros.
Hoy sé quién soy. Y sé a quién jamás volveré a entregar mi paz.
Hoy me abrazo. Me protejo. Me priorizo. Me acompaño. Me cuido con devoción.
Armo muebles de IKEA escuchando música de Elena Rose.
Me preparo mi manzanilla con miel y si a veces la acompaño con un chocolate.
Camino bajo el sol tranquila. Y sobretodo, agradezco estar viva.
No necesito un hombre para completarme. Pero sí estoy abierta a compartir la vida con alguien que ame sin gritar, que acompañe sin herir, que respete sin condiciones.
Si estás leyendo esto, grábate esta verdad:
El amor no golpea. No grita. No manipula. No controla. No rompe. No silencia. No se violenta.
El amor sano sostiene, escucha, acompaña.
Y empieza en un solo lugar: en ti.
25 de noviembre
Hoy no calles.
Hoy habla.
Hoy comparte.
Hoy acompaña.
Hoy rompe el ciclo.
Porque tu voz —sí, la tuya—
puede ser la diferencia entre que alguien viva en silencio…
o empiece a renacer.
#violenciadegenero