Todos los venezolanos esperamos y exigimos a la oposición, actuar con coherencia y honestidad.
Mi buen amigo, periodista y comunicador excepcional, Alfonzo Ianucci compara las formas de lucha actual de los venezolanos con la paradoja del Gato de Schrödinger. Entre alegaciones al respecto de los métodos de lucha utilizados por la oposición, afirma:
«hacer mucho de nada no es hacer algo. Esto se ha convertido en un espectáculo en el que la voz cantante la llevan desde hace un tiempo artistas e influencers».
Mi respuesta ante la disyuntiva de calificar de productivas o no las convocatorias de la oposición a dos meses de la victoria electoral se traduce en definir convocatorias con una propuesta de objetivos alcanzables y concretos como pasos para conseguir el fin último, la libertad; entendiendo que se debe poder medir el avance, con resultados que pueden ser positivos para la causa o negativos, batallas ganadas o perdidas, ser conscientes que en toda lucha hay reveses y victorias.
Más allá del faranduleo, muy arraigado en la cultura del venezolano, está el fondo y la descripción del planteamiento de los objetivos, no debemos pedir por pedir, debemos entender que existen los cómo y los para qué. El objetivo no es el camino, es la meta.
La farándula en la diáspora convoca a concentrarse a los dos meses de la victoria electoral para pedir a la ONU objetivos varios y poco concretos:
1. Que Edmundo González sea reconocido como presidente electo, está bien, pero debemos incluir la respuesta a una pregunta central: ¿para qué? ¿Qué se desea lograr con eso? Hay que decirlo, hay que poner el foco para que los países y organismos internacionales entiendan por qué lo pedimos.
2. Que Maduro entienda que se debe ir! Esto me parece demagogia pura y dura. ¿Cómo se va a ir? ¿Cuáles son los incentivos para irse? ¿Qué se necesita hacer para que se vaya? ¿Cómo hacer que las diversas cabezas del poder en Venezuela rindan sus armas? Hay muchas preguntas sin respuesta.
3. Que paren los crímenes de lesa humanidad… ¿Cuál es el camino para eso? ¿Invocamos la gracia del Espíritu Santo porque es una lucha espiritual?
Mejor es enfocarse en cada objetivo para lograr avances concretos.
Los objetivos deben ser claros, es más, el gran objetivo es uno solo: ¡Que caiga la tiranía y que caigan todas las cabezas que la sostienen!
¿Para qué? para lograr el cese de los crímenes de lesa humanidad, para reconstruir el país, para empezar a alimentar a la gente, para todas las cosas que queramos añadir…
El punto es ¿Cómo?
Cuáles son los pasos a seguir para ello.
Allí nos debemos enfocar, en los pasos adecuados, y cada paso tiene una consecuencia.
Muchos afirman que quien critica no aporta y es un electrón, siempre negativo, considero que debemos hacer críticas que se conviertan en aportes a la lucha.
Si un paso es el reconocimiento a Edmundo González Urrutia en el parlamento europeo, en cada país del mundo, pues hay que comunicar la consecuencia de eso, evitar confundirlo con eventos pasados y poder demostrar a la comunidad internacional que estamos en un momento diferente a la época Guaidó y así ir desglosando los pasos y comunicarlos correctamente.
Considero que las convocatorias deben seguir y deben tener el apoyo de la farándula, de los políticos, de la sociedad civil; pero deben tener una comunicación clara y un objetivo definido del paso que se está dando.
Si otro paso es la merma de los crímenes de lesa humanidad, la liberación de los detenidos, el cese de detenciones arbitrarias, el cese de torturas; debemos dejar de convertir a los muertos y detenidos en números, debe incluir nombres, siempre deben tener rostro. Algo que anhelo profundamente es gritar al mundo los nombres de todos aquellos que están siendo torturados por el régimen, así el impacto es de más valor ante el mundo. Hay que dejar la demagogia a un lado, con lineamientos que deben ser políticos, evitar las consignas vacías, impulsar acciones que permitan pasos concretos para salir del régimen tiránico que gobierna Venezuela. No se puede seguir ofreciendo fechas o soluciones mágicas sin la certeza de conseguir un resultado, no luchamos contra algo inerte, el régimen también juega y con maldad, sin ética, moral, ni líneas rojas.
Si un paso de la lucha para lograr el gran objetivo es que la CPI emita la orden de captura contra Maduro y otros jerarcas, entonces está bien armar mecanismos que se conviertan en TT de RRSS, nombrar a los presos políticos, a los detenidos y a los asesinados por la dictadura. Si se va a convocar una serie de concentraciones, entonces hacerlas en sitios del mundo que puedan ejercer alguna influencia sobre la CPI, hacer al tiempo presión política para que los parlamentos, poderes ejecutivos, casas reales, politicos retirados, organismos de DDHH, todos, soliciten a la CPI lo mismo, dejar de convocar por convocar, solo para mantener la esperanza.
La sociedad civil venezolana está convencida, no es necesario convencerla de la maldad del régimen, es necesario trabajar en objetivos políticos y comunicar avances o retrocesos en cuanto un camino claro con pasos que pueden estar definidos o ir definiéndose de cara al objetivo final. Es necesario mantener la esperanza, pero sin mentiras. Hay que ir demarcando el camino con pasos firmes y objetivos claros, no se debe convocar por convocar, sin objetivo para lograr la presión sobre alguna institución o gobierno.
Estoy de acuerdo en usar el apoyo de la farándula cuando respalda una convocatoria de las fuerzas políticas de oposición, obviamente de María Corina Machado como líder no mesiánica (no podemos endilgarle todo el peso de la lucha).
Hay que traducir el positivismo sin sentido, cambiarlo a acciones, a pasos concretos para lograr el objetivo final. No es ser negativo, es ser realista aportando ideas claras. Avanzar obteniendo micro objetivos que nos lleven al logro de la libertad.
Sin duda hemos obtenido muchos logros. En especial el haber desenmascarado el fraude electoral.
Hoy cada convocatoria debe tener un objetivo concreto, debe salir del liderazgo opositor y puede ser replicada por la diáspora, los políticos, periodistas y la farándula, sin dejar de lado que la farándula le da un caracter masivo y multiplicador.
Creo que los venezolanos estamos de acuerdo en muchas cosas y vemos enemigos en todos lados, el régimen ha conseguido esa victoria, posiblemente debido al sesgo de confirmación queremos leer y escuchar nuestras opiniones en boca y letras de otros, con las mismas palabras que pronunciamos.
Muchos estamos de acuerdo en haber conseguido victorias, en que la farándula está en nuestros tuétanos, en que hace falta mantener la esperanza, también en que es necesario comunicar la realidad y no mentir, muy especialmente en que también es necesario tener objetivos claros para cada convocatoria, así no se diluye el esfuerzo, se concentra y se obtienen más victorias que construyen en favor del objetivo, de la libertad!
También es cierto que hay quienes piensan que ya está oportunidad caducó y muchos los que aún mantenemos la esperanza de un pronto cambio.
Sabemos que la unidad solo existe en la sociedad civil frente al oprobioso régimen (unidad en cuanto al objetivo, no en metodología) pero esa unidad no existe en los políticos de oposición, quienes en su mayoría solo se replegaron frente a la candidatura de María Corina por el apoyo monumental tiene del conjunto ciudadano. Sin embargo, hasta en la inscripción de candidaturas estaban allí tratando de imponerse sobre ella. Sabemos que en el entorno de Edmundo González Urrutia se han presentado muchos adversos a María Corina Machado. Hay intereses personales oscuros dentro de la cúpula política por hacerle el juego al régimen, hay muchos supuestos opositores que en el fondo no lo son, lo hemos vivido desde hace mucho tiempo, debemos recordar cuántos Arias Cárdenas hemos tenido, entre otros muchos que pululan aún alrededor, incluso fuera de las fronteras, tenemos Zapateros y vendedores de humo.
Los políticos no estorban si están al frente de la lucha política hoy y hablan con franqueza y claridad. La farándula, no estorba tampoco, siempre que apoyen la convocatoria de los líderes políticos, no que sean ellos los protagonistas; siempre que esas convocatorias tengan objetivos claros, concretos y formen parte de una estructura de avance, no solo para mantener la esperanza. La esperanza se construye y se mantiene con hechos y avances.
Hoy una buena amiga, fotógrafa y publicista, Maritza Tortolero, escribió en tono de ironía una magnífica crítica que me permito replicarla:
«Yo creo que lo mejor es que María Corina baje los brazos, se entregue, no insista en cobrar el resultado de las elecciones y ni siquiera sea una piedrita molesta en el zapato del régimen, esa piedrita que molesta tanto que se vuelven locos reprimiendo, amenazando, vociferando, instigando cada vez más. Que se quede callada y no mueva ni un dedo hasta que vengan actúen unos militares, saquen a los bandidos de Miraflores y ella pueda salir completamente victoriosa, así Venezuela, con ese silencio suyo, se queda en calma, se centra en producir, dentro y fuera, y no se distrae con las ganas de un país libre.
¡Ah no! Es que igual, si se queda callada nos preocupamos porque no está pasando nada, y si no pasa nada, si ni siquiera se le ve en un vídeo, sentimos que se acabó todo. Con su silencio el país no va a producir ni va a recuperarse de su desesperación y desesperanza. “Pero ¿de que nos sirve una esperanza?” Capaz no sirve de nada, capaz es sólo para distraernos mientras nos llevan a una fosa y, pensando más allá, quién sabe si hasta la propia María Corina es parte de todo ese plan macabro que acabó con el país y lo que hace ahora es mantener el circo, todo es posible, nos falta escucharlo.
Propongo mandarle mensajes y pedirle que nos deje en paz, que se olvide, total, no va a pasar nada y así nos evitamos más muertos.
¡Ah no! Es que Venezuela se está muriendo de otras formas menos escandalosas a nivel mediático, es que muchos venezolanos todavía estamos empeñados en que nos devuelvan el país, no tenemos armas ni poder, sólo el deseo que renace como ilusión cada vez que se intuye una posibilidad por minúscula que sea. Es que muchos venezolanos tiramos la toalla y al poco tiempo la recogemos, para volver a tirarla, y así vamos, con los sentimientos revueltos por un país en el que muchos ni siquiera estamos pero por el que somos capaces de desvelarnos, llorar por el desengaño, llenarnos de impotencia y frustración mientras no sabemos qué hacer con esa herida gigantesca y abierta que es Venezuela.
Estamos entrampados desde aquel famoso “por ahora”, pero seguimos insistiendo.»
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