En el hostal donde me quedo, ubicado en un pequeño pueblo al norte de Manchester, hay cuatro relojes con diferentes horas y el nombre de una ciudad debajo: Torrevieja, Roma/Turín, Nairobi y St. Annes.
Durante el desayuno, converso con el propietario -un carismático inglés- y me dice que son los lugares donde él ha vivido alguna vez. Es profesor de historia.
La única de esas ciudades que no conozco es Nairobi, la capital de Kenia, país al sur este de África, así que le pregunto por ella y cómo fue su experiencia.
Se queda callado unos instantes y sus ojos adquieren una brillantez inusitada que tiene como fuente un profundo amor. Finalmente me dice: “Es un lugar con un clima estupendo. Su gente es profundamente cálida. La comida, aunque algo exótica para un europeo, es fascinante. Sin embargo, hay mucha inseguridad personal, carestía de bienes y servicios, una enorme corrupción, las calles están repletas de huecos. La asistencia sanitaria es terrible. El gobierno es profundamente corrupto y se violan descaradamente los derechos humanos. Los militares y policías solo extorsionan. Las elecciones son amañadas y gobierna desde hace muchos años el mismo partido.
Cuesta creer que un país con tantos recursos naturales y tanta belleza, este tan mal por tan pocos. A mí, en lo personal me cuesta creer que eso también este pasando tan cerca de Europa y no hagamos nada.
Se detiene un rato en su relato y suspirando termina:
“Se que, para nosotros como europeos, es difícil imaginar y entender algo así”
Termino mi café y aunque siento un nudo en la garganta, alcanzo a decirle:
“I understand. Believe me. I understand”
El Autor
También te puede interesar
-
OJALÁ: إن شاء الله
-
España campeona del mundo: un triunfo que abrazó al planeta
-
ABSENTISMO LABORAL EN ESPAÑA: LA CRISIS SILENCIOSA QUE AHOGA A EMPRESAS, DISPARA COSTES Y DESATA ANSIEDAD ENTRE LOS EMPRESARIOS
-
“La tierra sigue temblando dentro de mí”
-
Taiwán impulsa la solidaridad, la educación y la devoción mariana desde la Santa Sede