Érase una vez un grupo de jóvenes, alegres y emprendedores que tuvieron la inquietud de abrir una puerta de participación a los comunicadores hispanos que escogieron a España como país de acogida.
Eran seis migrantes venezolanos con el ímpetu y la adrenalina que abunda en la juventud. Todos ellos con diversas y altas capacidades profesionales dedicados de una u otra forma al mundo de la comunicación.
Un día cualquiera de diciembre de 2022, esos jóvenes me invitaron a compartir unas copas de vino para celebrar la Navidad. ¡Oh sorpresa!, en medio del alegre encuentro me hablan de un proyecto aún en ciernes dirigido a los comunicadores hispanoamericanos en España, para de seguidas invitarme a unirme a ellos en ese sueño de juventud.
¡Qué contradicción de sentimientos! ¡Me enamoré de la idea, pero dudé en la pertinencia de articularme a este interesante proyecto! ¿Cómo no dudar? ¿Cómo podría yo acoplar esa energía de juventud que ellos emanaban con el sosiego de mi tránsito por la tercera edad? Una diferencia de dos generaciones, en promedio, me separaban de ese vigoroso sexteto, con todo lo que ello implica no solo en vitalidad y agilidad, sino en la visión del mundo y sus enfoques. Pero, la curiosidad y el reto planteado vencieron mi resistencia. Tampoco niego que el orgullo, cierta vanidad y la necesidad humana de construir un espacio de pertenencia acompañaron mi decisión de unirme a ese equipo.
Dos años han transcurrido desde que fundamos la Asociación de Comunicadores Hispanoamericanos en España, Gente que Comunica. Mucha agua ha surcado ese bello proyecto desde entonces; alguna lentas y apacibles, otras turbulentas, pero ninguna nos ha apagado el interés y la decisión de seguir navegando en esta iniciativa; por el contrario, cada día una nueva idea surge, nuevos aportes para contribuir a la integración, aportar información y orientar en el tránsito migratorio o para abrir espacios de participación a ese gran colectivo.
Una de esas iniciativas, el concurso de “Cartas desde la Diáspora”, motorizado por dos de nuestros socios, Alfonzo Iannucci y Andreína Monasterio, y organizado por GQC. La receptividad que tuvo este concurso superó las expectativas, ¡94 epístolas llegaron a nuestro correo! Tres se llevaron los premios, escogidas por un jurado de tres profesionales cualificado según los parámetros establecidos
Hoy se completa la segunda etapa de este proyecto: Ha llegado a nuestras manos, nuestro primer libro en el que se compilan 47 epístolas que cumplieron con las normas del concurso.
En este libro están plasmados los sentimientos más íntimos de sus autores, todos comunicadores migrantes de más de media docena de países de Hispanoamérica.
“Cartas desde la Diáspora” recopila en sus páginas trozos de experiencias y recuerdos que volcaron los remitentes en situación imigratoria en España.
Cada palabra evoca vivencias que se tornan cercanas para todos los que, por una u otra razón o condición, dejamos atrás un hogar, una vida, unas raíces para hacer nido en tierras extranjeras.
Es un libro ágil, de fácil lectura, lleno de emociones. Se sobreponen en unas y otras misivas alegrías y tristezas; nostalgias y esperanzas; frustraciones y resiliencias. De cada epístola se obtiene una enseñanza, una fuerza, una energía o un empuje para aceptar y adaptarse a nuevos escenarios, y a dejar atrás lo que un día fue.
Como bien dice el escritor venezolano Juan Carlos Chirinos, uno de los tres jurados del concurso, en la presentación del libro Cartas desde la Diáspora “Las cartas son documentos para entender los días de sus autores, las huellas que han dejado para que los lectores del futuro sepan que no han pasado por la tierra impunemente”. Y en éstas no hay desperdicio…
Norka J. Parra
Simplemente hermoso!
Es evidente cuánto amamos este proyecto que culminó en esa compilación de epístolas escritas por un grupo diverso. Vamos a tardar muy poco para la segunda edición de este concurso. ¡Vayan afinando sus ideas!