Después de la caída del dictador Hugo Chávez en 2002, cuando el estamento militar decidió apoyar a los ciudadanos y destituir al mandatario, la sociedad venezolana tuvo un espaldarazo inigualable de los uniformados de verde; sin embargo, debido, entre otras múltiples razones, a la torpeza de la dirigencia política, aconteció el retorno del hoy fallecido Chávez. Posterior a este regreso la purga dentro de las instancias militares fue gigantesca, más de 3000 oficiales fueron dados de baja o dejaron sus cargos, solo quedaron al frente de batallones y en cargos de poder, los más fieles a la causa chavista.
Ha pasado mucho tiempo, 22 años se dice rápido, no es el mismo hombre quien está al poder, Maduro no es Chávez y muchos chavistas le adversan en las urnas, en las calles, en la política, en los cuarteles también; pero no podemos saber si allí hay posibilidad de levantamiento de voz y armas, de movilización o de conspiración frente al dictador.
Sin movimiento militar con estrategia, sin una jugada importante con demostración de fuerza y armas en la que se ponga en jaque al régimen, pienso que será imposible la salida de Nicolás Maduro.
No pierdo la esperanza de que se esté dando ese movimiento, sin embargo, solo con plazos largos y pensando en apoyos o negociaciones internacionales no creo llegar a buen puerto, no importa quien esté en la Casa Blanca o que Lula, Petro y AMLO decidan envolverse en el Espíritu Santo y encuentren el camino del bien para mostrarlo a su amiguete del Foro de Sao Paulo. Sin fuerza militar no hay salida de una dictadura como la que aqueja a Venezuela.
No pierdo la ilusión, la fe y la esperanza; tampoco dejo de poner los pies en la tierra.
Mi fe se mantiene, pero no dejo la razón de lado. Ambas pueden coexistir. Mi fe está puesta en un movimiento militar que aún no vemos y que, más pronto que tarde, Dios quiera, se dará. Ya la sociedad civil, los políticos y la comunidad internacional están haciendo su parte, ahora faltan los vestidos de verde venezolanos.
Sin importar lo pequeño o estratégico que sea un país, hoy en día no existe la posibilidad de un país occidental enviando tropas a otro país; así como no existe imposibilidad de coexistir con un país inmerso en una horrible dictadura violadora diariamente de DDHH, ergo, es posible la permanencia de Maduro en el poder, al igual que Daniel Ortega o Díaz Canelo, sin un apoyo militar interno y decidido a sacar del poder a la cúpula, ya sea con una acción puntual o con una guerra interna entre militares en la que podrían verse incluidos los civiles.
No es válido algún argumento similar a Venezuela no es Cuba o no es Nicaragua; España no es Venezuela o algún símil más, siempre existe un asidero para este tipo de regímenes.
En el caso cubano existió la URSS y cuando cayó, con el período especial -10 años sin suministro de insumos o dinero- la dictadura cubana arreció sus fechorías contra su propia población en muchos aspectos.
En el caso Nicaragüense tuvo de asidero al petróleo venezolano y cuando se terminó el envío a discreción del Chávez (por la destrucción continuada de PDVSA y la industria petrolera venezolana), el régimen de Ortega arreció sanguinariamente también contra su pueblo y llevó a cabo un fraude tan evidente como el cubano cada vez que llama a elecciones.
En el caso Venezolano la dictadura ha tenido de asidero algo peor, porque no le ha faltado dinero, tiene de asidero la inteligencia cubana, más los intereses chinos, rusos e iraníes, además del asidero de un Foro de Sao Paulo que hasta hoy había mantenido su lobby internacional, esperemos que al caer este último asidero mencionado, cuando a los integrantes del Foro pareciera no le mantienen el lobby político, ojalá no pueda arreciar en su maldad sobre los ciudadanos por decisión de los militares y sean ellos los que pongan un dique a los deseos de Nicolás y su séquito, los hermanos siniestros y el diablo Cabello.
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