En la distancia del tiempo y el espacio,
allí donde estás solo, con los recuerdos y donde se anida el olvido.
En la distancia del remolino de lo que has vivido,
allí donde la quietud del alma busca la paz, la tranquilidad para construir un sueño.
En la distancia del firmamento, en su inmensidad, allí al cobijo de una estrella lejana que recuerda la luz de un ser que amas.
En esa distancia, cuando tropiezo de nuevo con la tierra
encuentro mis raíces. Esas raíces mías, no las tuyas, no las nuestras.
Las raíces mías, las que me conectan, las que me sostienen, las que me alimentan.
Esas fuertes raíces que no se doblan, que no se rompen, que me proyectan.
Esas raíces que me penetran los pensamientos, que me subyugan, que me amanecen
Esas profundas raíces que me envuelven, que me rodean.
Son esas raíces las que me recuerdan que soy efímera, pero eterna,
que soy árbol fuerte, que no se doblega, que doy sombra, que cobijo.
Son esas raíces que nadie puede cortar o hacerme olvidar,
que son ellas las que me trajeron hasta aquí, y que evocan recuerdos de hierba mojada y de olor a canela
Son mis raíces que me hacen retornar para abrazar la tierra donde labré mis sueños,
son esas mis raíces, las mías, no las tuyas, no las nuestras.
El Autor
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Bien bonito, muy emocionante. Las raíces permanecen, Y se quedan con nosotros, así de cierto es.