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La Estupidez humana

Dietrich Bonhoeffer, pastor luterano, teólogo y disidente antinazi, asesinado por la Gestapo, estudió el comportamiento de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, partiendo de una premisa inicial: para ese momento histórico conformaban un pueblo civilizado y en general cultivado.

Se preguntaba cómo el pueblo alemán permitió, propició y celebró el ascenso de Hitler y su absoluto poder sobre las vidas de los ciudadanos.

Bonhoeffer concluyó que, más allá del contexto económico y social, la causa principal de ello fue la estupidez, escribió: “Uno puede protestar contra el mal; el mal puede exponerse y, si es preciso, prevenirse mediante el uso de la fuerza. Sin embargo, contra la estupidez estamos indefensos. Contra ella
no sirven de nada las protestas, ya que las razones caen en oídos sordos. El estúpido, a diferencia del malicioso, está completamente satisfecho de sí mismo
”.


Según Bonhoeffer, hay que cuidarse especialmente al plantear argumentos que contradicen las creencias de un estúpido. Nunca los creerá, siempre se mantendrá firme en su opinión por muy claras que sean las pruebas de su equivocación. Y en el caso de que sean totalmente obvios los argumentos y resulte imposible negarlos, simplemente les restará importancia o los ignorará.

Es más, resultará peligroso e insensato intentar persuadir a un estúpido con razones, porque se irritará fácilmente e intentará atacar.


Bonhoeffer indicaba que para superar la estupidez es necesario comprender su naturaleza. No es un defecto intelectual, hay personas con una inteligencia
notablemente ágil y a la vez son muy estúpidos, así como hay personas “intelectualmente bastante aburridos” pero que no tienen ni un pelo de estúpidos.

La estupidez es un defecto de la personalidad, no de las capacidades; tampoco es congénito, cualquiera puede volverse estúpido en determinadas circunstancias.

La estupidez se puede apoderar de cualquier individuo inclusive con  facilidad cuando se está integrado en un grupo amplio. Las personas que viven más aisladas o solas, según Bonhoeffer, tienden a manifestar en menor medida el defecto de la estupidez en comparación con aquellos con mayor inclinación a socializar.

La estupidez no es un problema psicológico, se trata de una situación sociológica. Son las circunstancias externas las que propician la estupidez en las personas que así lo permiten; y según Bonhoeffer todo aumento importante del poder en el ámbito público, político o religioso, infecta de estupidez a una gran parte de la sociedad.

El poder de uno necesita de la estupidez del otro”.

La capacidad crítica llega a atrofiarse; la independencia del pensamiento se debilita hasta renunciar a tener posiciones autónomas frente a nuevas circunstancias. Consciente o no, las personas estúpidas adoptan el pensamiento de la masa y asumen como propios los argumentos de la figura de poder.

Bonhoeffer vivió en una sociedad que aceptó como válidas e incluso justificadas, ideas y políticas como el racismo, la esterilización forzosa con fines eugenésicos o la persecución y el exterminio de minorías, con el débil argumento de recobrar el orgullo nacional vapuleado por el Tratado de Versalles.

Al conversar con una persona estúpida uno prácticamente siente que no se trata en absoluto de una persona, sino de consignas, lemas y cosas similares que se han apoderado de él. Está bajo un hechizo, cegado, maltratado y abusado en su mismo ser. Habiéndose convertido así en una herramienta sin sentido, la persona estúpida también será capaz de cualquier mal y, al mismo tiempo, incapaz de ver que es malo. Esto es lo que puede destruir de una vez por todas a los seres humanos” escribió Bonhoeffer.

Sin embargo, quienes se han vuelto estúpidos son recuperables, pueden liberarse de su estupidez y llegar a recuperar el pensamiento propio; pero, solo es posible después de una liberación externa. Cuando se derrumba el régimen dictatorial, por ejemplo, los estúpidos pueden volver a pensar según su sabiduría y criterio personal.

Mientras el estúpido permanece sometido a un poder coercitivo, las circunstancias sociales le impulsan a asumir como propias las ideas y los argumentos de la autoridad para sobrellevar el dolor que produce el conflicto interno cuando hay una falta de coherencia abismal entre sus pensamientos y sus actos.

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