Para la mentalidad europea anterior al siglo XVII, la tolerancia era la permisión o no punición de conductas ilegítimas debido a un bien mayor. Se partía de una noción objetiva de bien y se toleraban aquellas conductas inmorales que, de prohibirlas, ocasionarían un mal mayor a la propia comunidad.
A partir del siglo XVII se abre paso un concepto distinto de tolerancia, vinculado exclusivamente a la libertad religiosa. La tolerancia así entendida, no se oponía tanto a la confesionalidad de los estados tradicionalmente cristianos, como al principio absolutista moderno de que la religión de los súbditos pertenece al príncipe.
Esta nueva concepción de la tolerancia surgió de la necesidad de apaciguar conflictos religiosos, mezclados con intereses políticos, en la Europa posterior a la Reforma protestante.
Junto a estas dos nociones de tolerancia, hay otra muy extendida actualmente, que identifica la tolerancia con aquella virtud personal por la cual uno tiende a admitir con facilidad una manera de ser y obrar distinta de la propia.
En este tercer sentido, tolerar significa tener capacidad de ponerse en el lugar de los demás, de escuchar, de intentar comprender. No se trata, por tanto, de un mero respetar el turno de palabra de cada uno, sino de estar realmente dispuestos a aprender algo nuevo o, mejor dicho, dispuestos a ser convencidos si lo que nos dicen es realmente convincente.
Causas de la intolerancia
Entre las principales causas de la intolerancia podemos mencionar:
- El sentimentalismo ético o emotivismo, según el cual las cosas son buenas cuando uno siente que son buenas. Desde esta perspectiva, el sentimiento de cada uno se erige en el criterio último de bondad y maldad.
- El materialismo también es causa de intolerancia porque anula la dignidad humana al cifrar todo su valor en el valor de su materia: si tú vales sólo lo que vale tu cuerpo, una persona más guapa o más sana que tú vale más que tú.
- El fanatismo es también causa de intolerancia. Entendemos por fanatismo aquella actitud por la que se persigue un objetivo sin reparar en medios, llevándose por delante todo lo que sea preciso para conseguirlo.
- La falta de cultura es causa de intolerancia, porque lleva, entre otras cosas, a la simplificación excesiva. En este sentido, una manifestación de intolerancia es etiquetar a la gente, encasillarla en moldes o tipos simplificados de personas
- La falta de discreción, según la cual deseamos indagar en la intimidad de otras personas con las que no tenemos confianza suficiente, o a las que les abrimos nuestra alma sin ninguna necesidad. Cuando uno se define de pies a cabeza ante quien no le conoce, se expone a que juzguen temerariamente su intimidad.
- Cualquiera de los llamados “vicios capitales” es también causa de intolerancia: la soberbia, la avaricia, la pereza, la lujuria, la ira, la gula y la envidia, cada uno a su manera puede hacer que se desprecie al prójimo, porque la tolerancia no es sólo resultado de un acto intelectual, sino de todas las virtudes, que nos llevan a desear ponernos en la situación del prójimo.
Fundamento y límites de la tolerancia
Respecto al fundamento de la tolerancia, hay que distinguir las tres nociones de tolerancia. Para la noción clásica de tolerancia, el fundamento es la preservación de la paz social que se exige al gobernante.
Si entendemos la tolerancia como libertad religiosa, el fundamento es triple: primero, porque la religión sólo se puede vivir en libertad; en segundo lugar, porque violentar la libertad religiosa genera una gran resistencia social; y finalmente, por el respeto que merece toda persona, aunque defienda ideas religiosas diferentes.
Para estos dos primeros sentidos de tolerancia, como permisión de actos antisociales y como libertad religiosa, el límite de la tolerancia dependerá de la ponderación entre las consecuencias dañosas del acto tolerado y las que derivarían de su impedimento.
Si entendemos la tolerancia como apertura mental y disposición al diálogo y a la convivencia con personas que piensan de modo diferente, el fundamento es la igual dignidad y la solidaridad natural entre todos los hombres. Lógicamente cuanta más capacidad tenga uno de ponerse en el lugar de los demás y de comprender formas de pensar diversas a la propia, tanto mejor.
Con la idea de tolerancia entendida como libertad religiosa nace, como de su mano, la idea del Estado democrático liberal, uno de cuyos elementos integrantes es el reconocimiento de la libertad personal como origen, fin y limitación de la actividad estatal.
Para la mentalidad liberal, la coacción del Estado ha de ser la mínima imprescindible para garantizar la libertad de los individuos en el seno de la comunidad. Es precisamente en este marco conceptual donde se desarrolla la teoría sobre la tolerancia difundida por John Locke, y que configura la idea de tolerancia tal y como hoy la entendemos
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